Según informa “Liceo Flamenco” en su página web, “es
de gran importancia la labor de Málaga en el mundo del flamenco y sus
aportaciones en los nuevos estilos y grandes artistas que han nacido en nuestra
tierra. Este arte también ha encontrado en nuestra ciudad a grandes
pensadores, poetas y artistas que han sabido darle un respaldo documental y
artístico.
En pleno siglo XIX, corría la época del “café de cantantes”, y
Málaga se había posicionado en el itinerario nacional como la
ciudad con el mayor circuito de cafés dedicados al flamenco, con más de 20
locales en los que se podía disfrutar de toda la esencia de este arte.
Así se justifica que solo en
los alrededores de la plaza de la Constitución se ubicaran el Café
Sin Techo, La Loba, La Lobilla, El Suizo, El España, El Turco, El Chinitas, Las
Pistas…
Pero la mala prensa de estos establecimientos -siempre rodeados de
escándalos- acabó con ellos.”
Mi bisabuelo Arturo, como no podía ser de
otra forma, se sintió también muy influenciado por el mundo del flamenco, y
gustaba acudir a estos cafés cantantes. Su afán de saber le hizo obtener un
gran conocimiento de este arte y encontramos en sus obras múltiples referencias
a nuestros cantes.
Hoy vamos a conocer de
la mano de uno de nuestros visitantes más ilustres, Rubén Darío, como era el Café
España, en el que seguramente Arturo disfrutó de inolvidables momentos.
Y como siempre es el catedrático D. Cristóbal Cuevas quien nos informa de ello:
“Sin embargo, todavía
ahora es posible ver a Arturo, de vez en cuando, en las juergas flamencas de
los “cafés de cante”, uno de los cuales, el de “España”, nos describe la pluma de Rubén Darío en magnífico testimonio de los ambientes en que Reyes,
por estos mismos años, se
divertía.
“El local es un largo
salón, con mesitas, como cualquier café, y en el centro un tablado, sin adorno
alguno.”
“Concurrencia
heteróclita; humo de cigarros; uno que otro “señorito”, uno que otro militar,
algunos campesinos, que aquí llaman catetos. De pronto, los acordes de un piano
se oyen, y aparecen en el tablado
seis u ocho mozas vestidas de semimajas, es decir, de majas que a la conocida
indumentaria han agregado adornos y pompones a la francesa.”
“Llevan colores vistosos
en las faldas cortas y acampanadas, en los corpiños; y en las cabezas rizadas y
de peinados bajos, portan moños de cintas y flores de tintes violentos, flores
naturales o artificiales. Bailan primero las
boleras, que son las que llevan esas faldas cortas, y se acompañan con las
castañuelas, bailan el ole, que tiene el ritmo de un vals; los panaderos, más despaciosos, por dos parejas, las sevillanas, el jaleo, el vito, las
soleares, las “seguirillas”, y hasta jotas.
Hay cierta gracia, pero
deslucen las arrugadas medias color carne, los trajes sin esmero, los zapatos
usados, las sonrisas forzadas en las caras llenas de pintura, los horribles
calzones que se exhiben al dar las ligeras vueltas o al hacer un quiebro de
cintura.”
“Después de las boleras bailan las flamencas sus polos, medios polos, zapateados, tangos
y otros bailes. Las flamencas llevan faldas largas, no llevan castañuelas,
pero hacen sonar los dedos imitándolas, y tienen un coro de jaleadores que las
anima con gritos, con los tradicionales “oles” y “arzas”, y que siguen el ritmo
con las palmas…”
“Después que han
bailado, descienden boleras y flamencas a visitar a los consumidores en las
mesitas, a hacer gastar lo más que se pueda, según la consigna del dueño del
café. Todas las que he visto son muy jóvenes y bonitas, afeadas tan solamente
por lo sórdido de los vestidos. Hay una niña de trece a catorce años, portadora
de monstruosas piernas postizas.
Pregunto a un vecino qué dice la “Liga contra
la trata de blancas” a este respecto, y me contesta que estas jóvenes son, o
por lo menos dicen que son, honestas. De mesa en mesa van trasegando
manzanilla, de mesa en mesa donde hay extranjeros o forasteros, porque los
nativos conocen el juego y no se dejan explotar. Las caras de las muchachas,
cubiertas de polvos y de afeites, exageradamente brochadas de rojo, a los
resplandores de la luz eléctrica, toman reflejos extraños, se ven en verdad
lamentable, con un aspecto cuasi grotesco, penoso y triste, en su fiesta, como
en un cuadro de Zuloaga. Las infelices beben, beben para volver a bailar y
volver a beber. Las interpelan conocidos, de chaqueta y americana corta y
sombrero cordobés, les dicen groseras galanterías, les murmuran proposiciones,
se burlan de ellas, y a veces las insultan… El piano inicia de nuevo el son y
ellas, descaradas, bestiales, ingenuas, suben de nuevo a las tablas.”
Continuará…
BIBLIOGRAFÍA:
- “Arturo Reyes. Su vida
y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García,
Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural.
C. S. I. C. 1974.
- Archivo familiar Reyes
(ART).
¡¡¡¡ Qué interesante !!!! Increible descripción de esos "cafés" malagueños....Gracias Pepa. Me ha encantado leerlo, me has transportado a aquella época .....
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