El escritor Arturo Reyes
nació en El Perchel y presume de sus orígenes en el prólogo de uno de
sus libros, cuando afirma con mucho orgullo: “Yo nací en el barrio más famoso
de Málaga”.
Fue también entre La Trinidad y El Perchel, donde transcurriría su
infancia y adolescencia, lo que le hizo ser un perfecto conocedor de la gente
de estos dos barrios, de sus
costumbres, sus inquietudes, sus vivencias, sus sentimientos, su habla típica, etc.
Málaga celebra entre el
30 de Mayo al 6 de junio, la X Semana de los Corralones de la Trinidad y El
Perchel, y sería una buena oportunidad para que las obras de mi bisabuelo
Arturo vieran de nuevo la luz, en forma de escenificación teatral o lectura
dramatizada ya que fue en este ambiente tan típicamente malagueño, en los corralones, donde
recreó la historia de algunos de sus vecinos, gente buena, humilde y
trabajadora que convivía en perfecta armonía en ese espacio común que todos compartían
como si de una gran familia se tratara.
Nota: Detalle de un corralón malagueño. Fotografía publicada por el blog que realiza el Centro de Participación Activa para personas mayores Málaga Perchel.
Llevo algunos años pensando en ofrecer la idea a los organizadores de estas
jornadas culturales, para que no sólo se visiten estos espacios tan típicos de
nuestra tierra sino que también quepa la posibilidad de que algún grupo teatral vuelva a recuperar estas historias
cotidianas de antaño, y de quién mejor que de la mano de un ilustre y humilde perchelero, el escritor
costumbrista Arturo Reyes.
Sabéis que él único corralón del siglo XIX que se conserva en Málaga, es el de Santa Sofía, situado en la calle Montes de Oca nº 16.
Hoy queremos desde este
blog contribuir a una reivindicación importante para nuestra ciudad, la de salvaguardar
los pocos corralones que aún se mantienen en pie, publicando una obra de Arturo titulada “Desencanto”, que escribió para ser llevada a la escena y que se
desarrolla en unos de estos lugares tan típicos de nuestra tierra.
¡Esperamos que os guste!...
DESENCANTO
PERSONAJES:
- EL TIO ZANCAJITO, el
zapatero.
- DOLORES “LA PICAPEA”
- SEÑÁ TOÑA.
- EL CARTERO.
- ZURRAPA.
La escena representa el
patio de un corralón; a derecha e izquierda, puertas numeradas; en el fondo, el
muro, vestido de enredaderas y campanillas azules, y al pie del muro, un
ruinoso arriate, donde margaritas y geráneos lucen sus flores blancas, unas, y
carmesíes, las otras; a la entrada, a la izquierda, el brocal carcomido de un
pozo, sobre el cual un cubo oscila y gotea, pendiente de una garrucha; el sol
inunda el fondo del patio y báñanse en el sol un gato de morisca piel y algunas
gallinas que parecen querer hundirse entre la tierra removida; EL TIO ZANCAJITO
el zapatero, delante de la mesilla de trabajo, canturrea con voz gangosa
golpeando a la vez la suela con el achatado martillo.
En el momento de
levantarse el telón ábrese una de las puertas de las habitaciones del patio y
aparece en el umbral DOLORES “LA PICAPEA”, una chavala de arrogantes hechuras,
de tez morena, ojos negrísimos y apasionados y rica cabellera que se le
revuelve sobre la nuca y la frente en anillados mechones
EL TIO ZANCAJITO.-
Por la calle abajito
va mi comadre…
DOLORES.-
¿Me quiere usté jacer el favor de dejar ya en paz a su comadre, que es usté más
pesao que un grillo?
EL TIO ZANCAJITO.-
Pos dejá, salero, que por darte gusto a ti soy capaz de pasarme la vía en una
mazmorra, que por algo eres tú más bonita que er sol y más salá que un salero y
güeles más y mejor que un manojo de claveles; como que yo no he encontrao en
toíto er mundo más que una gachí que se puea comparar con tu presona.
DOLORES.-
Su hija de usté, Pepa, ¿verdá?
EL TIO ZANCAJITO.-
Mi hija Pepa, que es otro sol como tú, con unos sacais que meten mieo. Y si no
ya la verás tú y verás tú como es lo que yo te digo.
DOLORES.-
Pero ¿es que se va a vinir de La Habana su hija Pepa, agüelito?
EL TIO ZANCAJITO.-
¡Ca! Ella no se viée de allá ni amarrá ar mesana de un navío; pero en su última
carta mos dicía que mos diba a mandar en la que debe llegar hoy un retrato que
se ha jecho mu requetebién vestía, porque has de saber tú que ella tamién es mu
pinturera y mu aficioná a meterse er talle en un cintillo y a jechar mu por
delante lo que Dios, su madre y yo le pusimos entre la cintura y la barba.
DOLORES.-
¿Y hace mucho tiempo que está por allí ese fenómeno de hermosura?
EL TIO ZANCAJITO.-
(Suspirando) Ya va pa catorce meses, que a su madre y a mí mos parecen catorce
mil puñalás que mos han pegao. ¡Tengo ya unas ganitas de golver a oír er metal
de su voz!
DOLORES.-
¿Y qué se fue a jacer allí esa criatura?
EL TIO ZANCAJITO.-
Pos ella es peinaora, ¿sabes tú? Pero una de las de las punta; como que es una
gachí que pone un deo en una calva y sale en la calva un tirabuzón de pelo.
DOLORES.-
¡Qué lástima, hombre, que antes de dirse
no le hubiera puesto a usté los diez en las suya, que güena farta le
están a usté haciendo, agüelito!
EL TIO ZANCAJITO.-
Nunca quise yo que me los pusiera, porque mi calva es un ricuerdo. Yo tenía una
melena que parecía mismamente un zarzal, pero una noche me dio un susto un
guardacalle y, camará, como si me la hubiera afeitao Relampaguzita el barbero.
DOLORES.-
¿Y se fue sola su hija Pepa a La Habana?
EL TIO ZANCAJITO.-
No, señora, que se fue con la familia del coronel Triviño, una familia mu
superior. ¡Más gracioso es el coronel! Es un hombre que le gusta la mar que le
jagan cosquillas, y cuando se la jacen, se echa a reir de un mo que viéndolo no
hay más remedio que reírse.
DOLORES.-
No reventará usté, so guasón. ¡Camará, cómo está usté hoy de chungo y de
alegre!
EL TIO ZANCAJITO.-
¡No he de estarlo, proigio, si estoy esperando al cartero con el retrato de mi
niña y esta noche no voy a dormir, pa pasármela toíta entera mirando el
retrato!
DOLORES.-
¿Y cómo es que ya no ha tirao de ustedes la Pepilla?
EL TIO ZANCAJITO.-
Pues porque la otra hija, la Rosarillo, no mos quiée dejar de dir, porque como
la probetica no tiée tampoco más calor que el nuestro…
DOLORES.-
Pero ¿es que ya no le da calor su marío?
EL TIO ZANCAJITO.-
¡ Su marío! … ¡No lo cojiera un miura por charrán que es!...¡Su marío!... ¿Tú
sabes quién es su marío?
DOLORES.-
Pos dejuro que lo sé: Joseíto el Jureles.
EL TIO ZANCAJITO.-
¿Y tú sabes lo que es el Jureles?
DOLORES.-
¡Vaya! Uno de los que pregonan más mejor el pescao.
EL TIO ZANCAJITO.-
Eso sí; lo que es pregonar, pregona como si tuviera en la boca una bandurria,
pero es mu malito el gachó, y tiée una sangre que cuando se pincha suerta más
negro que un rancho de jibias y otro rancho de calamares.
DOLORES.-
¿Y por qué consintieron ustedes en que se casara con ese mar bagío la
Rosarillo?
EL TIO ZANCAJITO.-
Yo no quería. Pero lo que pasa, yo encomencé a dicir que no y que no y que no,
y ella que sí, que sí y que sí, y se me puso la muchacha que daba lástima
verla, y na…, lo que pasa cuando a ustedes sus pica la tarántula del querer y
se sus pudren los sentíos…
DOLORES.-
¿Y la Pepa no tiée novio?
EL TIO ZANCAJITO.-
Que yo sepa, no: Mi Pepa es otra cosa, mi Pepa tiée más pesqui que un ministro,
y mi Pepa, si se fue, se fue porque la daban ducas de muerte ca vez que mos
teníamos que acostar sortando más flatos que un fuelle, y como la familia der
coronel Triviño no podía arreglarse sin ella, pos se la llevaron y ya allí está
buscándose la vía, y gracias a ella, lo que mus manda, pos vamos tirando, la
Rosarillo con sus cuatro chorreles, y mi Toña, y yo. Por cierto que ya mos va
queando poco arpiste, y por eso me he alenvantao trempanito y le he metío mano
a los brodequines del Zurrapa, que ya está rabioso conmigo.
DOLORES.-
Y con razón, hombre; si le ha tenío usté tres días corgaos los brodequines en
lo más arto de la higuera.
EL TIO ZANCAJITO.-
Y gracias que ha soplao terrá, que si no allí estarían ventilándose. ¡Tú sabes
lo que ar Zurrapa le sundelan los pies! No te diré más sino que no encuentra
casero que le alquile.
SEÑÁ TOÑA.-
(Penetrando jadeante) Güenos días, Olores… ¡Ay!, qué recansaíta que estoy… ¿Ha
llegao ya el cartero?
DOLORES.-
Entoavía no, señora.
SEÑÁ TOÑA.-Pos
ahora debe venir; le ha dicho a la Tulipa que tiée carta pa nosotros
(dirigiéndose a su marido).
EL TIO ZANCAJITO.-
¡Por vía e Dios! ¿Por qué no se la ha dejao a la Tulipa?
SEÑÁ TOÑA.-
¿Por qué él siempre quiée entregarla en propia mano.
EL TIO ZANCAJITO.-
Pos yo voy a ver si me lo trompiezo por ahí.
DOLORES.-
Espérese usté, hombre, que ya vendrá.
EL TIO ZANCAJITO.-
No pueo, que me está bailando un chotis er corazón. ¡Tengo ya unas ganitas de
ver er retrato!
SEÑÁ TOÑA.-
Pero si yo ya he buscao a ese esaborío de cartero y no he podío dar con él.
EL TIO ZANCAJITO.-
Habrá dío a llevarle arguna carta a la Generosa, y ya se sabe: como tiée él que
leérsela a solas en su habitación…
EL CARTERO.-
Buenos días. Carta, tío Zancajito.
EL TIO ZANCAJITO.-
Gracias a Dios, hombre, que has llegao.
SEÑÁ TOÑA.-
Démela usté y tome, tome usté el porte.
EL CARTERO.-
Hasta otro día… Adiós, Dolores, que ya me has quitao hoy la gana de tomar
alimentos con tu carita gitana.
EL TIO ZANCAJITO.-
Oye tú, Toña…
SEÑÁ TOÑA.-
Abre ya la carta, hombre, o la abro yo.
DOLORES.-
Sí, ábrala usté ya, hombre, que tengo yo ganitas de ver ese proigio.
EL TIO ZANCAJITO.-
(Con hondo desaliento). Oye, Toña… ¡No viene el retrato!
SEÑÁ TOÑA.-
¿Qué no viene? ¿Dices que no viene?
EL TIO ZANCAJITO.-
No… Lo que viée es una letra.
SEÑÁ TOÑA.-
Pero mira bien el sobre.
EL TIO ZANCAJITO.-
(Con honda tristeza) Na..., lo que te digo..., que... no viene.
DOLORES.-
No se lo habrán jecho... Pero ¿qué es eso, agüelito?... ¿Llora usté?
EL TIO ZANCAJITO.-
¿Yo? ¡Ca!... Es que me pican los lagrimales.
SEÑÁ TOÑA.-
Vamos, hombre, por Dios, que no es pa tanto... No habrá podido mandarlo la probetica.
EL TIO ZANCAJITO.-
¡Dinero!... ¡Dinero!... Bien podía no habernos mandao dinero ninguno.
DOLORES.-
¡Vamos, que no se lo dará usté a un ciego, que nunca vienen mal los parneses
bien viníos!
EL TIO ZANCAJITO.-
No…, venir mal no , pero entre recibir el parné u recibir el retrato...
ZURRAPA.- (Penetrando descalzo en el patio.) Tío
Zancajito, ¿cuándo me va usté a rematar esa compostura, que estoy echando a
perder estas botas de cartera?
EL TIO ZANCAJITO.-
(Cogiendo los brodequines con una
mano y tapándose con la otra las narices.) Toma y llévatelos y que te los
remiende un chato.
ZURRAPA.-
Pero...
EL TIO ZANCAJITO.-
Que te los lleves te digo, que no te los compongo.
ZURRAPA.-
¿Pos no me dijo usté que sí, con la condición de pagarle la alhucema que
gastara?
EL TIO ZANCAJITO.-
Pos ahora te digo que no y que no.
ZURRAPA.-
Por su sal de osté y por la de la señá Toña.
EL TIO ZANCAJITO.-
Que no, te digo.
ZURRAPA.-
Por la de su Rosarillo de usté.
EL TIO ZANCAJITO.-
Pero, hombre...
ZURRAPA.-
Por la salú de su Pepa.
EL TIO ZANCAJITO.-
¡Deja ahí esas dos rosas de olor!... ¡Por vía e la Pastora!... Dinero...,
siempre dinero... Bien podía haber mandao el retrato, y lo que es entonces sí
que no es el tío Zancajito el que te compone a ti esos dos manojitos de
azucenas.
Arturo REYES.
Precioso, me encantaría poder hacer un papelillo en una obra así y vivir lo que un día paseó por la mente de tu bisabuelo y que trascribió para la eternidad en papel y gracias a una posible representación poder rememorar lo que éramos, de donde venimos y así nunca olvidarlo. Besos Pepa.
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