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Archivo Arturo y Adolfo Reyes Escritores de Málaga por Mª José Reyes Sánchez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

domingo, 27 de septiembre de 2015

EL ESCRITOR ARTURO REYES Y LAS TERTULIAS EN LA MÁLAGA DEL SIGLO XIX-XX (I).


Mi bisabuelo Arturo cultivó la amistad como un pilar fundamental de su vida. Los que bien le conocían, lo definían como un amigo incondicional, al que no le gustaban en absoluto las habladurías ni las críticas negativas. Delante de él no se podían hacer observaciones sobre los trabajos realizados por ninguno de sus amigos, y lo más particular de todo es que los defendía, en algunos casos, sin haberse tomado el trabajo de leer sus obras.

En esta época Málaga brilla por su esplendor cultural. Una ciudad con muchas inquietudes intelectuales, con un gran plantel de artistas que se reunían en cafés y ventorrillos, verdaderos centros de la vida y social de aquel tiempo. 

En estos lugares se celebraban las famosas "tertulias”, reuniones espontáneas en las que, en un ambiente distendido, un grupo de amigos y colegas, en torno a una cerveza o un buen vino, podían compartir sus ideas, sus experiencias, sus deseos, sus proyectos. 

El estrecho vínculo que les unía, los hacía trabajar en equipo, colaborar unos con otros, convirtiendo a nuestra ciudad, Málaga, en un importante referente cultural en la España de finales del siglo XIX y principios del XX.


Nota: Portada del libro escrito por el ilustre historiador malagueño, D. Francisco Bejarano Robles, sobre los "antiguos cafés de Málaga ... y otros establecimientos". Editorial Sarriá. Málaga  2003.

De todo ello nos informa como siempre, nuestro querido catedrático D. Cristóbal Cuevas:

“Este mismo incremento de afecto le lleva por entonces a intensificar las relaciones con sus amigos, en un ambiente cada vez más cariñoso y sereno.

Frecuentemente, se reúne con los más íntimos, en su casa, o en los locales de la Academia y hablan interminablemente de religión, arte, política, literatura, o de los nimios acontecimientos del día.

“A la Academia – recuerda Antonio de Nicolás- me llevó una noche [Narciso Díaz de Escovar] ya bien mediado el otoño [de 1908], para presentarme al insigne Arturo, que allí explicaba no recuerdo qué asignatura.

Concluidas las clases, comenzó la acostumbrada tertulia, que se prolongó más de lo ordinario, y quedé admiradísimo de su ardorosa sinceridad, de su modestia huraña, de su trabajosa vida y sus esfuerzos de autodidacto, del respeto y agradecimiento extremados con que pagaba el menor favor recibido, de su profundo amor a las cosas que fueron, de su soñador e inexplicable optimismo y del fervoroso culto rendido a su patria chica, en la que no quería ver ni pecados ni aun defectos. Su crítica literaria fue demasiado benévola, y manifiesta su repugnancia a toda murmuración.”

En otras ocasiones, aunque cada vez con menos frecuencia, acudía a las reuniones de escritores y artistas en cafés o ventorrillos, donde, tras escuchar a los contertulios y razonar sus propias teorías, intentaba ponerse a tono apurando unos sorbos de vino o un vaso de cerveza.

Así nos lo ha pintado un periodista de la época: “Al rincón apacible acudía de tarde en tarde … el magno poeta y novelista, que tiene dentro de sí, de su alma tímida y humilde, su enemigo mayor. Arturo Reyes se sentaba en un extremo, hablaba nervioso y rápido, con andalucismo simpático, apuraba el bock o la caña y tornaba enseguida al sosegado retiro del hogar.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- Archivo familiar Reyes (ART).

domingo, 20 de septiembre de 2015

EL ESCRITOR MALAGUEÑO ARTURO REYES Y SU VIDA FAMILIAR. RELACIÓN CON SU HIJO ADOLFO.


Tras las vacaciones estivales el blog sobre los escritores Arturo y Adolfo Reyes comienza de nuevo su labor. Aunque a veces no tengamos el tiempo suficiente, creemos que como descendientes de ellos, es nuestro deber seguir contando la historia de estos dos escritores malagueños que la historia olvidó. 

¡Porque para eso estamos los descendientes, “para no olvidar a los nuestros”!.

La enfermedad hizo cambiar espiritualmente a mi bisabuelo Arturo, quién se dio cuenta de que se había despreocupado de sus responsabilidades familiares como padre y esposo. En este momento se hace consciente de que había desatendido la educación de su hijo Adolfo, mi abuelo, un niño con graves problemas en la vista, y que con diez años de edad, apenas sabía leer y escribir.


Nota: Mi abuelo Adolfo de chaval. (Archivo ART).

Ambos mantuvieron una estrecha y bonita relación de admiración y respeto, que queda reflejada en el libro de D. Cristóbal Cuevas, y que desde aquí queremos mostraros…

“La enfermedad, el cambio de ideales, la reclusión forzosa en casa durante largas temporadas, y el mismo crecer de su hijos que ya se iban haciendo mayores, llevan al poeta a centrarse más y más, a partir de esta época, en su vida de familia.

Es ahora cuando empieza a descubrir todas las cualidades que tiene su hijo Adolfo, al que ama cada día con más entusiasmo y ternura.

Empieza a sentir por momentos la responsabilidad de su educación, descuidada durante los años de lucha externa, y quiere influir en sus ideas, inculcarle las que en este tiempo son sus convicciones más íntimas. Para ello, pasea con él en las mañanas de sol por las afueras de la ciudad, recorriendo pausadamente la campiña radiante de luz y tumbándose a la sombra de algún árbol frondoso, mientras procura que la conversación recaiga sobre temas vitales, en los que despliega una cálida elocuencia.

Las ideas que quiere imbuir en Adolfo son una curiosísimas mezclas de optimismo y pesimismo.

Por una parte, se le ve desengañado de todo, convencido de la fatalidad de los destinos del hombre, lo que le hace mostrarse desdeñoso con una sociedad injusta, que premia al oportunista vulgar y sin escrúpulos, mientras olvida al trabajador serio y modesto. Pero, por otra, insiste en el valor de las vivencias hondas, de los momentos de estremecida intensidad, capaces por sí solos de dar sentido a la vida más prosaica.

“Me decía …- recordará más tarde su hijo – que un momento de sentirse vivir, henchido de vida, a pleno sol, a pleno cielo, amando las cosas infinitamente, en un generoso desbordamiento de la sensibilidad, valía las mayores penalidades.”

Su mejor fuente de optimismo en esta época se halla, sin embargo, en las recién adquiridas convicciones religiosas.

“Por aquel tiempo –refiere Adolfo-, ya tenía una visión providencial de todas las cosas. El milagro perdurable del mundo, de nuestra existencia, de nuestro conocimiento, se iba revistiendo para él de esa bondad y hermosura que le presta la idea del principio inteligente y de la finalidad justa.

Por esta creencia amaba la naturaleza de un modo diferente al mío. Se encontraba en ella comprensivo, fuerte, dominador, alegre de su superioridad, cuando yo me sentía perdido y humillado solo en mi desconocimiento de todo aquello y de mí mismo.

Esto le hacía sufrir, porque amaba mucho y procuraba infundirme sus visiones risueñas, sus ideales optimistas.” No nos engañemos, sin embargo. El de Reyes era un optimismo radicalmente trascendental, de cata a lo escatológico. El mundo, de tejas abajo, le parecía amargo y caótico. Sólo la fe en una Divinidad providente alcanzaba a darle sentido.

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- Archivo familiar Reyes (ART).

sábado, 1 de agosto de 2015

EL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES Y SUS PROBLEMAS DE SALUD.


Mi bisabuelo Arturo fue de esa clase de personas, a las que admiro enormemente, tanto por mantener una gran fortaleza y entereza ante las adversidades que a veces la vida nos depara, como por ser luchadores natos, capaces de  afrontar una larga enfermedad y superarse a sí mismos en esa dura batalla... 

Su delicada salud le sirvió para aprovechar cada instante de esta última etapa de su vida como si fuera el último día de su existencia: “Carpe Diem”, que dirían los latinos.



Nota: Reloj solar con la inscripción: "Carpe Diem". Localización: Capbreton, Landas. (Francia). Autor de la fotografía: Tangopaso. 

Nuestro popular  refrán “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, se convertiría probablemente en la frase que rondaría diariamente sus pensamientos. 

Y como escritor, Arturo decidió aprovechar de la mejor manera que sabía, el tiempo que la vida le regalaba, dedicándose en cuerpo y alma a su afición favorita, la literatura; dejándose llevar por la inspiración, y plasmando en pequeñas hojas blancas y con letras diminutas, todo aquello que le interesaba, en ese ejercicio de plenitud suprema que es la expresión de los sentimientos más íntimos.

Esta última etapa de la biografía del escritor malagueño se caracterizó por ser la más productiva literariamente. Me imagino a mi bisabuelo, con una actividad frenética, pensando que quizás ese fuese el temido "último día", y quizás influenciado por la morfina, ¡por qué no!, como los poetas malditos franceses, consumiendo esa potente y anestésica droga, tan utilizada en aquellos tiempos en medicina, para mitigar y aliviar los dolores, pero que tan adictiva era aunque me imagino que también le serviría para aumentar su inspiración poética.

Algunos piensan que la potente droga hizo mella en él pero yo pienso que no fue así, simplemente porque fue la época en que más trabajó, en la que más premios recibió, y además porque una mente que "desvaría", no está preparada para poder hacer frente a la vida familiar, laboral, intelectual y social, que él llevó en aquella época.

Hoy como siempre, es nuestro catedrático de referencia, D. Cristóbal Cuevas, quien nos informa en su libro de estos hechos:

“No obstante estas molestias, y aprovechando el carácter alternativo que su enfermedad adoptó prácticamente hasta el momento de su muerte. Arturo se sobrepone a sus achaques, y trabaja cuanto puede con un heroísmo que hoy parece casi inhumano: 

“La enfermedad – dice un periodista amigo suyo – le obligaba a un método severo, como un suplicio. Ahora nos admira la reciedumbre de aquella naturaleza, que pudo resistir tantos dolores sin entregarse. En esta lucha entre la vida y la muerte, la naturaleza vencía, levantándose después de caer, cuando otros organismos de mejor temple hubieran sucumbido al primer embate. Y así, Arturo, sobreponiéndose a su dolencia con una energía inquebrantable, volvía a la pelea por el bienestar, acudiendo a su oficina del Ayuntamiento y encerrándose después en su despacho a escribir, con ansias febriles, cuartillas y cuartillas.” 

Gracias a este esfuerzo de superación, la época que va de 1908 a 1913 es precisamente la más fecunda de su vida en cuanto a creación literaria: “Estos años acerbos – escribió su hijo Adolfo- fueron, sin embargo, los de su más copiosa y febril producción intelectual; en los que alcanzó sus mayores premios. En ellos, para ir viviendo, esforzándose con sus últimas fuerzas, dio volúmenes sin descanso.”

Cuando los dolores se hacían intolerables, Arturo se veía obligado a recurrir al cloruro mórfico, alcaloide que le habían recetado los médicos desde los primeros ataques, y que utilizó hasta el fin de su vida como sedante. Sin él, su trabajo profesional, e incluso literario, le habría resultado imposible, dada la violencia de sus sufrimientos físicos. 

¿Llegó Reyes a habituarse a la droga, convirtiéndose en morfinómano? Así lo han afirmado algunos, ignoramos con qué fundamento. Lo que sí es cierto es que su progresiva destrucción física se debió exclusivamente a sus dolencias gastrointestinales, no pasando de ser una vulgar patraña la imagen de un Arturo alucinado y ausente, a quién el abuso de la morfina acabó por llevar a la tumba.”

Hoy quiero dedicar esta publicación a todos aquellos amig@s y conocid@s, que son un ejemplo para mí, por su entereza y fortaleza, por sus ganas de vivir, y por ese deseo inmenso de combatir la enfermedad con una actitud positiva.

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.

domingo, 12 de julio de 2015

HOMENAJE DEL ESCRITOR MALAGUEÑO ARTURO REYES A LA CERAMISTA AMPARO RUIZ DE LUNA.


Hace ya algunos semanas falleció una de las más famosas ceramistas de España, Amparo Ruiz de Luna, que aunque de origen extremeño, se asentó en los años 60 junto a su familia en la ciudad de Málaga.

Nuestra intención hoy, es mostrarle nuestra admiración y agradecimiento, por su contribución al mundo de la cultura así como por la impronta que ha dejado en nuestra ciudad y provincia, con sus trabajos artísticos, auténticas obras de arte.

En algunos de estos trabajos, ha dejado recuerdos sobre mi bisabuelo Arturo y sobre la Academia de Declamación de Málaga.

Siempre había tenido el deseo de conocerla y tuve la suerte de coincidir con ella en la entrega de los Premios Feniké de la Cultura, organizado por la Asociación Cultural Zegrí. La suerte y el destino me deparó la sorpresa de estar sentada al lado de Amparo durante el acto.

Al principio no sabía como dirigirme a ella, así que me presenté como la bisnieta del escritor Arturo Reyes, al que la ceramista conocía por sus trabajos. Tuve la oportunidad de compartir un grato rato de conversación y me sorprendió su amabilidad, jovialidad y simpatía.  

Me comentó algunas anécdotas sobre la relación que le unía a mi bisabuelo. Por ejemplo le había regalado al Alcalde de Málaga una cerámica en la que se podía leer una poesía de Arturo dedicada a nuestra ciudad.

También charlamos sobre aquellos bancos de azulejos tan hermosos, realizados por ella y por Charo Castillo, que desaparecieron del Parque de Málaga, cuando en la remodelación llevada a cabo en este jardín botánico malagueño en el año 2007, fueron destruidos por una radial. Estos bancos inmortalizaban a nuestros ilustres escritores, con fragmentos de sus poemas dedicadas a la ciudad, y entre ellos mi bisabuelo tenía el privilegio de encontrarse, con su poesía: “A Málaga”:

“Único bien que me otorgó la suerte
fue en tu regazo ver la luz primera,
sentirme de tu mar en la ribera
casi cegado por tu luz al verte.” (…)

Según los periódicos de la época las dos artistas evaluaron el daño causado y creyeron conveniente realizar nuevas copias de los originales ya que era imposible reconstruirlos.

Esta historia tuvo un final feliz pues los bancos se reconstruyeron, gracias al tesón de Amparo y Charo, y es por esta lucha abnegada, por lo que actualmente los malagueños podemos disfrutar de ellos, en su nueva ubicación, los jardines de Pedro Luis Alonso.



Nota: Banco de azulejos realizado por la familia Ruiz de Luna, con fragmentos de poesías de Manuel Altolaguirre y Arturo Reyes. Jardines Pedro Luis Alonso (Málaga).

Quiero dar también las gracias a  Amparo por haber contribuido con su obra “Antigua Biblioteca de Mujeres” (Parque de Málaga), a recuperar una de las novelas de mi bisabuelo, “La Goletera”, que luce orgullosa junto a otras obras de escritores de gran renombre de la literatura española del siglo pasado.


Nota: Antigua Biblioteca de Mujeres, banco realizado por la familia Ruiz de Luna. Parque de Málaga.

Forma también parte de su legado urbano, otro mosaico que se encuentra entre la plaza de San Francisco y el Conservatorio Mª Cristina, y que evoca a una gran desconocida para los malagueños, la Academia de Declamación de Málaga, una de las instituciones más importantes con las que contó nuestra ciudad, y que tan gratos recuerdos me trae, pues mi bisabuelo Arturo, al dedicarse también al periodismo, constató el  bajo nivel cultural del pueblo malacitano, y animó a sus grandes amigos, el actor José Ruiz Borrego, y el escritor, abogado y político malagueño Narciso Díaz de Escovar, y juntos los tres se embarcaron en este proyecto cultural altruista, en el que tantos actores y actrices de nuestra tierra llegaron a hacerse famosos en el mundo del teatro.


 Nota: Placa conmemorativa en recuerdo de la Academia de Declamación de Málaga, junto al Conservatorio Mª Cristina (Málaga). Realizado por la familia Ruiz de Luna.

Cuando se habla de la Academia son pocos los que hablan de Arturo Reyes o de su hijo Adolfo, pero yo sé que fue mucho el esfuerzo que ambos realizaron por mantenerla siempre viva, con muchísima ilusión y mayor dedicación.

Tanta fue la importancia de este centro cultural que la página web de la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga dice que la ESAD "tiene sus orígenes en 1947 como sección del Conservatorio Superior de Música de la ciudad, para continuar la tradición de la Academia de Declamación que en el último tercio del siglo XIX fundaron en Málaga D. Narciso Díaz de Escobar y D. José Ruiz Borrego, que entre sus alumnos contó con Dª Rosario Pino y Dña Ana Adamuz, primera catedrática de la ESAD."

Continuará...

BIBLIOGRAFÍA:

- Poesía: "A Málaga". Autor: Arturo Reyes. Libro: "Béticas". Madrid, R. Velasco. 1910.

domingo, 24 de mayo de 2015

HOMENAJE DEL ESCRITOR ARTURO REYES A LA BLOGUERA MALAGUEÑA TOÑÍ SÁNCHEZ.


Hoy quiero dedicar esta publicación a Toñi, una  gran cocinera y bloguera malagueña, cuyas recetas, experiencias y sentimientos, me sorprenden y emocionan día a día, semana a semana, y año tras año.

Ella es una gran admiradora de nuestras raíces, de nuestra historia, de nuestras recetas de antaño, que está haciendo una gran labor divulgativa de la cultura malagueña, esforzado trabajo que espero algún día se vea recompensado como se merece.

La conocí cuando entré por primera vez en su blog, y tras leer una de sus magníficas entradas, no pude evitar la tentación de mostrarle mis respetos así como de invitarla a visitar este blog también de origen malagueño.

Desde los primeros momentos, Toñi fue un gran apoyo para mí, pues siempre que escribía me dejaba un comentario de admiración y emoción hacia la figura de mi bisabuelo. Con el tiempo nos hemos hecho muy amigas, y sé que se ha convertido en una gran seguidora de “D. Arturo”, como ella llama a mi bisabuelo, y a mí tanta gracia me hace.

Conociendo la biografía del escritor malagueño, ella se ha dado cuenta de que existen muchos puntos comunes entre ambos: su amor por Málaga, su pasión por la sabiduría y el conocimiento, y su forma de expresarla a través de la literatura. Ha realizado varias entradas en su blog dedicadas a mi bisabuelo, que le agradezco enormemente.

Cuando escribo esta parte de la vida de mi antepasado me siento triste porque me hubiera gustado que su vida hubiera sido más fácil de lo que fue. Se vió sorprendido por una enfermedad que habría de acompañarlo durante la última década de su vida, hasta que la maldita y temida espada de Damocles lo hirió de muerte cuando rondaba los cuarenta y nueve años. Sufría un problema de estómago que le imposibilitaba casi probar bocado.

Pues bien, si Arturo hubiera tenido a mi amiga Toñi de vecina, probablemente le hubiera hecho la agonía más placentera. Ella le habría llevado sus calditos, sus potajitos, en definitiva, se hubiera preocupado porque el escritor estuviera bien alimentado, con esa mezcla de sabores, que hubieran mejorado su salud y su espíritu. Y él le hubiera escrito poesías llenas de luz, color, sabor, olor, en la que el autor habría condensado todas las virtudes de esta gran mujer malagueña.


Nota: Fotografía de la sopa de picadillo tomada del blog culinario malagueño "Mi cocina". Autora: Toñi Sánchez.

A ti Toñi te quiero dedicar esta entrada porque nunca lo había hecho antes, a pesar de que tanto te lo mereces. Pero hoy ha sido el momento ideal. Quiero que sepas que sin ti, este blog no hubiera estado bien alimentado, porque tu lo consideras una buena labor, y yo te lo agradezco, porque eres mi mejor crítica, y porque siempre está ahí con tu sencillez, honestidad, optimismo, entrega, sencillez y simpatía.

Hoy como siempre será nuestro catedrático D. Cristóbal Cuevas, al que también honramos por su trabajo, quién nos seguirá relatando sus investigaciones sobre el escritor malagueño…

"A partir de la conmoción espiritual que hemos relatado en el capítulo precedente, comienza en la biografía de Arturo una época de progresiva decadencia física, en la que, a través de un calendario borroso, su salud va deteriorándose cada día más, reduciendo sus impulsos vitales y sumergiéndole progresivamente en un pozo de dolores. “Estos años – dice con sobrecogedora sencillez su hijo Adolfo – fueron para él como una agonía.”

Ignoramos con exactitud la fecha en que contrajo la terrible enfermedad que habría de llevarlo a la tumba. Sin embargo, creemos que los primeros síntomas debieron de aparecer hacia 1904, quizás antes de su definitiva crisis religiosa. 

“Mi salud – escribirá en 1912- hace muchos años que tomó la fusta.” Ello explicaría la oscura melancolía de esta conversión, la falta de ese entusiasmo radiante típico de todo neófito, su aceptación de la existencia providente de Dios como final de un peregrinar sangrante – tabla de salvación en un naufragio de ideales-. 

Todo queda más claro supuesto el estado de animo de un hombre herido de muerte sin saberlo, aquejado de una fatal enfermedad cuyos primeros síntomas fueron precisamente la perdida de ilusiones, la difusa tristeza y la repugnancia invencible ante la lucha por la vida.

Al parecer, todo empezó por una serie de molestias de estómago e intestinos, con acompañamiento de vómitos y de pérdida de apetito, que le obligaban a no tomar, durante largas temporadas, sino unos sorbos de café con leche, o algún líquido ligero y fácil de digerir. Estas molestias fueron convirtiéndose progresivamente en dolores, a veces muy intensos, que iban debilitando sus fuerzas y agriando su carácter. 

Los médicos diagnosticaron en un principio “atonía del estómago y del intestino”. Según cuenta su hijo Adolfo la enfermedad “le permitía una alimentación apenas suficiente para ir viviendo; a pesar de ello, tuvo que dedicarse a un excesivo trabajo intelectual, y la falta de economía trajo el desarreglo nervioso, la neurastenia, que entenebreció sus últimos años.” 

“Mi enfermedad – escribirá él mismo- hace que mi alimentación sea tan deficiente que a veces, como ahora, me tengo que quedar en cama días y días, sin fuerzas para vivir de modo activo."

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974. 
- Archivo familiar Reyes (ART). 

- ENLACE BLOG MI COCINA "Ante todo malagueña"Autora: Toñi Sánchez: http://micocinacarmenrosa.blogspot.com.es/

domingo, 17 de mayo de 2015

RELACIÓN DEL ESCRITOR MALAGUEÑO ARTURO REYES CON LA CONSERVACIÓN DE LA ALCAZABA DE MÁLAGA.


Hoy quiero contaros la importante labor que realizó mi bisabuelo Arturo en defensa de nuestro patrimonio arqueológico. El amor que sentía hacia la Arqueología hizo que pusiera todo su tesón en la conservación de los restos encontrados en la Alcazaba durante el desmonte de la Haza Baja (1904-1907), y como era de esperar, nuestro biografiado puso todo su empeño e interés para que  las antigüedades que se encontraron en nuestra ciudad y que nos pertenecían, no fueran trasladadas a Madrid. 


Nota: Fotografía de la Alcazaba de Málaga, realizada por Pedro Aguiló Reyes, sobrino-nieto de Arturo.

Como miembro de la Junta Provincial de Monumentos, y elegido como jefe de excavaciones, de la Alcazaba, preparó junto a sus colegas, un documento en el que argumentaban la necesidad de que estos importantes vestigios de épocas pasadas se quedaran en nuestra tierra. Creo que esta labor no queda recogida en los libros que sobre la Alcazaba se han escrito pero forman parte de nuestra historia, y yo quiero que quede constancia de ello, a través del estudio realizado por nuestro catedrático de referencia D. Cristóbal Cuevas en su libro sobre el escritor malagueño:

“Quizá la deuda mayor que tenga Málaga con su escritor en cuanto a la conservación del patrimonio artístico y monumental sea la decidida y razonada resistencia que éste opuso, en la sesión de la Junta de Monumentos del 28 de abril de 1907, a la propuesta de D. Rodrigo Amador de los Ríos, a la sazón Director del Museo Arqueológico Nacional, de trasladar a Madrid las antigüedades encontradas en las excavaciones de la Alcazaba, so pretexto de darles una mayor resonancia y universalidad.

La Junta, a propuesta de Arturo, que redactó personalmente la resolución final, adoptó los siguientes acuerdos:

”1.º- Que la proposición del Sr Amador de los Ríos sólo ha podido y debido estimarse como aceptable y conveniente bajo el exclusivo punto de vista de que, por la fuerza de las circunstancias, sea el traslado propuesto la única manera de bien conservar los objeto históricos de algún mérito aparecidos al demoler la Alcazaba.

2.º- Que, aunque así se haya oficiado al Excmo. Ayuntamiento para más excitarle a la adopción de medidas eficaces por parte del Cabildo y de su Presidencia, el traslado en cuestión deberá realizarse cuando se hayan agotado todos los medios, cuando se haya visto a todas las Corporaciones y entidades oficiales y particulares que puedan y deban evitarlo, y cuando no quede otro recurso para conservar dichas antigüedades que la de transportarlas al Museo Arqueológico Nacional, medida que aun adoptándose en último término resultará siempre bochornosa y vejatoria para el buen nombre de Málaga y para la cultura de los malagueños.

3.º- Que… la Subcomisión especial respectiva… practique ahora cuántas activas gestiones sean precisas para lograr que los restos en cuestión se reúnan y custodien debidamente no hallándose expuestos a desaparecer, y que la Corporación Municipal, con toda urgencia, proceda a realizar el proyecto del Sr. Moreno Carbonero, con arreglo al croquis remitido a esta Junta.

Y 4.º- Que si ninguna de estas gestiones produjeran efecto, entonces lamentándolo muchísimo, podría realizarse la proposición del Sr. Amador de los Ríos, pero quedarían a salvo las responsabilidades de la Comisión Provincial de Málaga y de sus individuos.

Si hoy podemos admirar unos restos arqueológicos significativos y decorosamente conservados en el Museo Arqueológico malagueño, si los muros de la Alcazaba no han sido irremediablemente aterrados, si la llama del interés por el pasado romano y árabe de Málaga no se extinguió en un momento en que hubiera sido especialmente peligrosa su desaparición, buena parte del mérito hay que atribuirla al trabajo continuo y desinteresado de Arturo.

Y esta deuda, hoy por hoy -triste es confesarlo-, bien pocos son los malagueños que la reconocen."

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974. 
- Archivo familiar Reyes (ART).

jueves, 9 de abril de 2015

LOS ESCRITORES ARTURO REYES Y NARCISO DÍAZ DE ESCOVAR: ARQUEÓLOGOS IMPROVISADOS.


Mi bisabuelo Arturo fue una persona que siempre se esforzó por hacer realidad sus sueños, y de esta forma, llegó a convertirse junto a sus íntimos amigos, entre ellos, D. Narciso Díaz de Escovar, en “arqueólogos improvisados”. Aprovecharon la ocasión que les brindaba el desmonte de la Haza Baja de la Alcazaba malagueña, para dedicarse a unos de sus grandes sueños, la arqueología, poniendo todo su empeño y dedicación en ello. Tanto fue así que el sabio Rodríguez Berlanga, los creía competentes en la actividad que realizaban, y los apoyó en esta ardua tarea.



Nota: Detalle de la Alcazaba de Málaga. Fotografía realizada por Pedro Aguiló Reyes, sobrino nieto de Arturo, a finales de los años  70.

Y así nos lo hace saber nuestro catedrático de referencia, D. Cristóbal Cuevas, en el estudio que sobre la vida del escritor malagueño, realizó a mediados de la década de los 70:

“Para poder hacer frente con competencia a estas obligaciones, Arturo procura adquirir una preparación teórica suficiente en tales materias, procediendo a catalogar restos, reconocer sus características, apreciar su valor y fijar la época a la que pertenecen.

Aplicando pacientemente a la práctica los conocimientos que con infinita constancia va adquiriendo, el improvisado historiador se dedica a poner los cimientos del futuro Museo Arqueológico de Málaga, al tiempo que reúne una no desdeñable colección personal de antigüedades.

Para ello, y aprovechando el cargo que la Junta le había conferido, se pasaba horas y horas vigilando los trabajos de desmonte de la Haza, esperando siempre ver surgir de entre los escombros un capitel, una lápida o un fragmento cualquiera de mármol o de cerámica, que adquiría al punto, si su precio no estaba muy por encima de sus escasas posibilidades económicas.

Con enternecedora ingenuidad, el poeta utilizaba luego sus compras para hacer intercambios y adquirir piezas que codiciaba, lo que “le dio gozos de chamarilero, porque creía engañar a los anticuarios siempre que le engañaban a él.”

Su compañero de Junta, González Anaya, nos ha conservado una graciosa anécdota de este tiempo:

“Recuerdo – escribe- que en una ocasión le regale un jaique magnífico, y él, encantado del obsequio, me lo pagó llevándome a la casa unos cacharrotes romanos hallados en las excavaciones de la Alcazaba. Dábale un gran valor a estos vestigios, pues era aficionadísimo a la Arqueología, y aunque yo, por oírle, amenazábale iracundo con tirar enseguida toda aquella basura a la calle, él riendo molíame a puñetazos y empellones – este sport de brearnos a los amigos era en Arturo tan ardiente como sus dilecciones arqueológicas-, y, profiriendo horrores por mi inculto desprecio hacia los ejemplares tan valiosos, me dejaba los chismes sobre la mesa del despacho y se marchaba tan contento.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:
- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.

- Archivo familiar Reyes (ART).