Licencia Creative Commons
Archivo Arturo y Adolfo Reyes Escritores de Málaga por Mª José Reyes Sánchez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

domingo, 15 de abril de 2018

LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE LA VIDA DEL ESCRITOR MALAGUEÑO ARTURO REYES (1913).

Hoy es quizás uno de los días más duros y tristes desde que se inició este blog, porque estamos dando por finalizada la biografía que el catedrático de Literatura, D. Cristóbal Cuevas, escribió sobre mi bisabuelo Arturo, y con ello la vida del autor también ha llegado a su fin.

Son momentos de dolor tras haber compartido con todos vosotros lectores los momentos más íntimos del escritor, sin habernos dejado atrás ni un punto ni una coma de este hermoso e inapreciable libro que contiene 161 páginas, 161 hojas que nos han acercado a este humilde poeta malagueño, que quiso dejar tras de sí una estela de pasión y orgullo por la tierra que lo vio nacer, Málaga, a través de una obra literaria fecunda, en la que dio buena fe de nuestra historia, nuestros personajes típicos, nuestro lenguaje y vocablos, un tesoro que debería ser conservado por los malagueños, creo que como un tesoro, ya que es parte del legado que nuestros antepasados nos han regalado y que no deberíamos menospreciar…


 Nota: Inmueble donde vivió y falleció Arturo Reyes. Ninguna placa conmemorativa, a pesar de haberla solicitado al Ayuntamiento de Málaga, recuerda su memoria.

“En sus cada vez más cortos periodos de mejoría, Arturo, con una tenacidad increíble, intenta por unos momentos engañarse a sí mismo, forjándose proyectos que una nueva crisis se encarga de destruir. Tenía pensado, por ejemplo, emprender un viaje a Barcelona, para asuntos literarios, acompañado de su amigo el Padre Eugenio Marquina. 

En las noches de tregua, escribía febrilmente –finales de mayo, principios de junio- una nueva novela, La Bravía, - con el mismo título había publicado en 1908 un cuento en La Nación de Buenos Aires-, que no llegó a ver la luz; se trataba de “una novela de costumbres serranas, la mejor de su obras– según su propia frase, aplicada siempre a la que estaba escribiendo.” También trabaja en una composición poética que le habían encargado para que la leyera en la inauguración de “La Unión Industrial”. Eran ilusiones fugaces, relámpagos que duraban sólo un momento. Trabajaba como por inercia. 

Todo lo terreno era marginal para él. Sólo le interesaban de veras los asuntos del espíritu, sobre los cuales mantenía largas y frecuentes conversaciones con Marquina, quien se esforzaba en abrir ante su ojos perspectivas consoladoras, hablándole del sentido redentor de sus dolores. Arturo, como un niño, aceptaba estas ideas:

“Yo bendigo, ¡oh Dios mío!, puesto a tu planta 
mis horas de congojas y agonías; 
yo bendigo, ¡oh, mi Dios!, las penas mías, 
y al par que sufre el corazón te canta.

Yo sé que es el dolor germen tan santo 
que un día en risa tornará mi llanto, 
y en goces inefables mis dolores.

Que es una ofrenda que tu amor pregona; 
por eso el corazón, triste, ambiciona 
morir, y el germen desatar en flores.”

Y así llegamos al final. El domingo, quince de junio, estuvo Arturo trabajando en el poema que le habían encargado los de “La Unión Industrial”. Parecía sentirse mejor, por lo que no dejó de escribir hasta altas horas de la madrugada. 

El lunes por la mañana sufrió uno de su frecuentes ataques, y aunque pareció haberlo superado, prefirió quedarse en cama, aquejado de ligeras molestias. Su estado se agravó repentinamente durante la noche, hasta el punto de inspirar serios temores a los médicos que le asistían, quienes “manifestaron que sufría un cólico hepático”, y que podía morir en las próximas horas. Inmediatamente se avisó  a su confesor, P. Marquina, que le administró los últimos sacramentos. Después, el mundo se cerró definitivamente para él, entrando en la madrugada del martes en una prolongada y dulce agonía.

A las cuatro de la tarde de ese mismo día – 17 de junio de 1913-, y a sus cuarenta y nueve años de edad, moría Arturo Reyes en la casa número 30 de la entonces plaza de Riego, hoy de la Merced. “Sucumbió rodeado de su familia y de sus íntimos amigos los escritores D. Narciso Díaz de Escovar, D. Ramón A. Urbano, D. Eduardo León y el arcediano de esta catedral Sr. Marquina, que habían tenido noticia de su gravedad, acudiendo a su lado.” “Sereno, optimista, se perdió en la sombra… Su corazón se aquietó para siempre.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.

- “Del crepúsculo”. Poesías póstumas. Poesía “A Dios!. Pag. 75. Autor: Reyes, Arturo. Málaga, Zambrana Hermanos. Impresores. 1914.

martes, 10 de abril de 2018

D. MIGUEL IBERN FERRER, PROTECTOR DEL ESCRITOR MALAGUEÑO ARTURO REYES.

En el día de hoy queremos contaros como fueron los últimos días de la vida de mi bisabuelo y la suerte que el destino le deparó al conocer al que sería su mecenas, D. Miguel Ibern. 

Fue una época triste, en la que a Arturo solo le quedaba esperar que sus últimos días de dolor y sufrimiento dieran paso a la vida eterna, en un espacio por él idealizado dónde podría disfrutar de la inmortalidad de su alma, dónde cesarían sus dolores terrenales, dónde podría al fin descansar de la azarosa vida que desde pequeño el destino le había deparado.  

Y mi bisabuelo se preparó para ello de forma diligente, sin miedos y sin preocupaciones,  intentando liberar definitivamente a su cuerpo y a su espíritu. Y como buen escritor, no quiso marcharse sin dejarnos su último legado,  que se materializó en un bonito libro de poesías que él sabía que se publicaría cuando él ya no se encontrara entre los suyos, y al que quiso titular Del Crepúsculo


Dejó a su hijo Adolfo, mi abuelo, encargado de que esta última voluntad suya se cumpliera. Y cómo si de un ángel se tratara, apareció casi al final de su vida, D. Miguel Ibern y Ferrer, un acaudalado empresario barcelonés que conociendo que el poeta malagueño tenía una situación económica muy desesperada, quiso ayudarlo en aquellos difíciles momentos que en aquella época mi bisabuelo vivía. 

Y esta ayuda se materializó con la publicación de ese último libro que vio la luz gracias tanto al tesón de su hijo como a la aportación económica que hicieron muchos de sus íntimos amigos y sobre todo gracias a D. Miguel, al que desde aquí y después de más de cien años de distancia, queremos agradecerle su “divina” intervención, sin la cual quizás esta última obra del escritor malagueño no se hubiera publicado…

Hoy en el blog el catedrático de Literatura, D. Cristóbal Cuevas, sigue contándonos como Arturo vivió sus últimos momentos... 

“El presentimiento de su fin se le impone cada vez con más fuerza. Tiene la certeza de que va a morir. Es curioso que él mismo – y no su hijo Adolfo, como muchos han creído con grave error- piense bautizar su próximo libro de poesías, que habría de publicarse póstumo, con el título deDel crepúsculo

Al dedicárselo a su protector D.  Miguel Ibern, Arturo, en rasgo que recuerda ineludiblemente al Cervantes del Persiles, escribe: “Hoy, al preparar este último volumen de versos que, si se llega a publicar, se publicará seguramente cuando ya Dios haya puesto fin a mi tan combatida existencia…, ha surgido en mí de modo vehementísimo el deseo de ofrecérselo a usted… Como al leer estas páginas ya dormiré el sueño de la eternidad, esta voz mía llegará a usted como arrancada por la gratitud al silencio de mi tumba.”

“Ya en la primavera –confirma Antonio de Nicolás- comprendió que su muerte estaba próxima. Antes de su enfermedad había leído mucho sobre espiritismo. Su más firme creencia era la inmortalidad del alma. A medida que se acercaba al fin de su vida terrena, el mundo de los espíritus se fue ensanchando ante su exuberante imaginación.” 

Desde mayo, su  corteza de forzado optimismo se rompió bruscamente, y ya decía a cuantos querían oírlo que su muerte estaba a las puertas. Unos lo creían, y otros no. Pero todos recordaron cuando se cumplió su presentimiento que él lo había predicho. 

Citemos, entre mil, un nuevo testimonio: “Cuando le vi la antepenúltima vez –dice su amigo Clemente Blanco-, llegué a él para saludarle, e hícelo con la perplejidad y la zozobra del que duda al pronto si es ésa la persona a quien quiere uno dirigirse. Tal estaba de desfigurado su rostro que no parecía él mismo. No le pregunté cómo estaba, ¿para qué?; hubiera sido tal vez afligirle. Pero le conforté diciéndole (pues no le había visto hasta entonces después de su homenaje):

- Debe V. estar, en medio de todo, satisfecho de espíritu, pues ha llegado V. a la más alta cima.
- Y entonces me repuso:
- Sí, ya de aquí a San Miguel. [Ese es el nombre del cementerio donde lo enterraron]…
Su frase, dicha con entereza y estoicismo –la recuerdo-, había tenido todo el eco de un firme presentimiento.”

Cuando los dolores empiezan a hacerse intolerables, este presentimiento se le convierte en vehementísimo deseo. Estremece la frecuencia con que Arturo invoca a “la gran reparadora” en los últimos días de su vida:

“Ya no me causa, como ayer, espanto 
de la jornada el fin, que ya presiente 
cercano el alma, y ya nunca la frente 
lleno de orgullo y altivez levanto.
  Mas ya cansado de sufrir el yugo 
de este triste vivir, que es mi verdugo, 
la musa del dolor sólo en mí canta. 
  Y tanto y tanto reposar ya ansío, 
ya tan cansado de vivir, Dios mío, 
que aun lo que tengo que vivir me espanta.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

-     “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
-     “Del crepúsculo”. Poesías póstumas. Poesía: ¡Dios mío!. Reyes, Arturo. Pag. 195. Málaga, Zambrana Hermanos. Impresores. 1914.

- Trabajo de investigación sobre D. Miguel Ibern: "Amor al trabajo". Miguel Ibern y su legado en Canet de Mar". Autor: Carles Sáiz y Xiques (UNED):

sábado, 3 de marzo de 2018

HOMENAJE DEL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES AL PERIODISTA VALENCIANO RICARDO CAMILLERI.

Hoy el blog de la mano del catedrático D. Cristóbal Cuevas, nos informa sobre cómo mi bisabuelo estuvo preparándose en su trayectoria final. Casi todos sus amigos y conocidos coincidían en que Arturo era un hombre sencillo y bondadoso, que transformó su agnosticismo de juventud, en la búsqueda del más allá en su época adulta, cuando quiso aferrarse a una vida eterna que sólo la religión le ofrecía.

También nos cuenta D. Cristóbal en su ardua investigación sobre el escritor malagueño, un episodio conmovedor que espero que os guste, y que fue escrito por un periodista de Valencia del que no existen referencias en internet a pesar de haber sido un notable abogado defensor, periodista, político además de impulsor para el enriquecimiento de la cultura de nuestro pais, D. Ricardo Camilleri, al que hoy queremos dedicarle esta publicación…


Nota: Fotografía de la Plaza del Ayuntamiento (Valencia) 1906. 

“En las últimas semanas de su vida tan sólo en la fe encontraba consuelo. Su religiosidad se acrisoló, esforzándose en preparar su alma para el encuentro definitivo. Todo lo veía bajo especie de eternidad en estos dramáticos días, “cuando ya sólo en la muerte pensaba, y ya la visión de los tiempos idos se convirtió en pasajera y sin importancia, ante la visión infinita, permanente, ilimitada, que de lo venidero le trajo la fe.” 

Una angustiosa y oscura sed de eternidad empieza a consumirlo:

“Mi vida no es vida, que es ruda batalla,
en que ya rendido y herido y maltrecho,
vivir cual asceta mis últimos años,
con Dios y conmigo quisiera en el yermo.

Saber que los seres que amo, felices,
cruzando del mundo van la senda ingrata;
rezar porque nunca sus pies ensangrienten
las zarzas agudas que hieren mi planta…

Yo ya no cual antes la senda recorro,
sin bridas ni riendas que mi ímpetu frenen,
que en casi laguna de ondas dormidas
por mi bien, Dios mío, trocóse el torrente.

Pasaron los años que abrasa el estío,
fogosos corceles que, raudos, galopan,
las crines al viento; fogosos corceles
que todo lo pisan, que todo lo arrollan.

Y llegó el Otoño, ¡tan pálido y grave!
Sus frescos verdores, perdieron las ramas,
y, ¡oh Dios!, ¡oh Dios santo!, ¡cuán hondo silencio!
Ni zumba la abeja ni el pájaro canta…

Mas ya de mis bríos se agota la fuente,
y ansío tan solo dar fin al sendero,
y volar allende la Santa ribera,
allende la tumba, y allende los cielos.”

Ante la perspectiva de la muerte inminente, toda su energía se le funde en bondad. Adquiere ahora el poeta la última madurez de la ternura, la sazón definitiva del corazón abierto. Una flor, un insecto moribundo, una mujercilla llorosa, un niño suplicante conmueven su corazón y le estremecen. Ha llegado a la cumbre de la com-pasión, a la capacidad de sentir –de sufrir- con todos.

“Un zagalillo – recuerda Camilleri- entró cierto día en una importante librería a comprar el libro que acababa de publicar Arturo Reyes. Al preguntar el zagalillo el precio del libro, le contestó al librero:

- Tres pesetas.
El muchacho entonces sacó un pañuelo, y de él un puñado de monedas que contó. Fuese al librero y le dijo:
- Tome usted, cinco reales que tengo, y resérveme el libro hasta la semana que viene que pasaré por él.
Un caballero que escuchaba la conversación, acercóse al muchacho y le dijo:
- Oye, ¿Y para qué quieres ese libro?
- Para mí.
- ¿Tienes afición a los libros?
- Mucha. Los libros de Arturo Reyes que he leído me han entusiasmado, y si la suerte me protege y algún día tengo dinero, los compraré todos.
– Tómalos para tí, yo te los regalo, y si como dices, tienes afición a los libros, pásate por la Academia [de Declamación] y pregunta por mí.
- ¿Y quien es usted? – hubo de preguntar el muchacho.
- Yo soy Arturo Reyes, el autor de los libros que tanto te gusta leer.”

Este relato hubo de hacerlo el propio Reyes al periodista levantino que en este tiempo se hallaba en Málaga como corresponsal de La Correspondencia de Valencia, y a quien acompañó alguna vez el poeta. Sea cierto en su integridad o se trate de una versión idealizada – aunque cierto en su integridad o se trate de una versión idealizada – aunque Camilleri suele ser testigo serio-, la anécdota retrata fielmente el espíritu del escritor malagueño, sobre todo en los días finales de su existencia."

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- Poesía: ¡Sed tengo!. Autor: Arturo Reyes. Libro: Del Crepúsculo Poesías póstumas. Págs. 1-5. Málaga, Zambrano Hermanos, Impresores. 1914.
- Periódico La Correspondencia de Valencia. Número 15670. Pag. 3. Artículo: "Málaga". Autor: Ricardo Camilleri. Fecha de publicación: 2 de mayo de 1913.
-Fotografía de Valencia: http://valenciadesaparecida.blogspot.com.es/

domingo, 18 de febrero de 2018

EL ESCRITOR MALAGUEÑO ARTURO REYES. SUS ÚLTIMOS DÍAS (II).

En el día de hoy seguimos adentrándonos en los últimos meses de vida de mi bisabuelo de la mano de D. Cristóbal Cuevas, quien nos informa cómo el escritor malagueño se siente cuando su salud se encuentra tan deteriorada. Arturo quiere seguir luchando hasta el final de su existencia, y no quiere que sus amigos y paisanos vislumbren su decadencia física. Sigue luchando, sigue trabajando en su labor literaria y sigue soñando para que la vida le resulte menos ingrata….

“Dolencias de cuerpo y espíritu lo acababan. En febrero, su salud sufrió una peligrosa crisis que lo puso al borde de la tumba.

“La vida de Arturo – recuerda El Cronista - pasó por un riesgo gravísimo. Reaccionó la naturaleza, y la crisis vencida – vencida con penoso esfuerzo-, Arturo volvió a sus ocupaciones normales. Pero como el organismo no era sino un milagro de voluntad, y la voluntad también se rinde, el cuerpo quedó amenazado de muerte.”

El poeta está haciendo ya, aunque sea esporádicamente, los últimos esfuerzos por superar su desmayo. Todavía intenta alguna vez sobreponerse a su destino.

“En 1913, durante el invierno – recuerda Antonio de Nicolás-, visité varias veces al ya muy enfermo Arturo, que gustosísimo hacía largos paréntesis en su perseverante trabajo literario, para ver colecciones de postales italianas y exigir detallada explicación sobre lo en algunas reproducido. Parecía entonces olvidar su grave estado. Animábase como por ensalmo y proyectaba largos viajes, encargándome con insistencia la formación de itinerarios – en relación con el correspondiente modesto presupuesto -, por si podía verificar alguno aquel mismo año. “No quisiera morir”, decía, “sin haber estado en Italia y Grecia. Esta aspiración constante y el escribir versos llenaban gran parte de su tiempo.”


Nota: Fotografía del Coliseo (Roma). Septiembre del 2016. Archivo ART.

Al terminar el invierno, pareció animarse aun más. “ Él, que en la serenidad de su optimismo, no había querido nunca reconocer la tristeza andaluza, tomaba contra ella su última actitud. Rodeábase de colores brillantes, pasaba las horas al sol, se enamoraba de la primavera.” Sobre todo, quería convencerse a sí mismo de que todavía le quedaban fuerzas, de que la enfermedad que le atenazaba desde hacia tantos años podría superarse aún.

Intentaba confiar en los médicos, en quienes, como en el doctor Ibáñez de Las de Pinto, esperaba encontrar los “videntes a cuya mirada descubrían muchas veces las dolencias más pérfidas y oscuras sus casi siempre improfanados misterios.” Fiel a sus deseos, disimulaba sus dolencias, siempre desmentidas por sus palabras, y siempre traicionadas por su aspecto. A esto se debe el que muchos que no lo trataban asiduamente creyeran después que su muerte había sido repentina.

En realidad, a partir de abril, su vida fue una prolongada agonía. “Murió lentamente… Sentía una tristeza infinita en esta despedida de su tierra. Al través de los cristales de su cuarto de trabajo embebecíase en contemplación de los claros verdores; dejaba mecer su espíritu en el ritmo de las canciones populares, elevadas en el atardecer; y más la amaba mientras más su corazón, harto de sentir, cansado de ímpetus, iba fatigándose lentamente.”

“Mi vivir es triste porque el desaliento se enseñorea de mi espíritu”, había escrito unos meses antes a D. Francisco Such. Nunca fue tan verdad esta afirmación como ahora. “Desmayaba su espíritu… añade su hijo-, y en falsos alardes de salud se le veía cruzar por las calles de Málaga como un fantasma de los tiempos idos.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- Archivo familiar Reyes (ART).
- “Las de Pinto. Novela Andaluza”. Reyes, Arturo. Madrid, R. Velasco, 1908. 

domingo, 4 de febrero de 2018

RELACION DEL ESCRITOR COSTUMBRISTA ARTURO REYES CON SU CIUDAD NATAL - MÁLAGA -.

Hoy el catedrático de Literatura, D. Cristóbal Cuevas nos habla sobre la relación que unió a mi bisabuelo con su ciudad natal. Una relación en la que el escritor malagueño se sintió incomprendido  y poco valorado por sus paisanos a pesar de haber dedicado la mayor parte de su obra a dar a conocer las excelencias, costumbres, personajes y el vocabulario popular de su tierra, y a pesar también de que literariamente había llevado el nombre de Málaga a lo más alto. 

En la actualidad la figura de Arturo Reyes sigue siendo un perfecto desconocido para nuestra ciudad, y es por considerarlo una injusticia para nuestra propia ciudad en general y para los malagueños en particular, por la que me siento responsable como familiar de él, de que conozcamos su vida y su obra, porque nos sentiremos orgullosos de este humilde escritor malagueño, y qué mejor manera para mantenerlo activo, que a través de este blog que lo hará circular por las redes, consiguiendo de esta forma que no caiga en el olvido… 

En estos momentos el blog ha tenido casi 154.000 visitas de personas de muchas partes del mundo, y quiero agradecerles a tod@s ell@s, que este proyecto que un día emprendí, tenga su utilidad, lo que me hace sentir muy satisfecha.


Nota: Vista panorámicas de la ciudad de Málaga. (Archivo ART).

"En la creciente soledad de su espíritu, una pena que siempre había sentido profundamente, se le convierte ahora en obsesiva: la incomprensión de sus paisanos, que no habían sabido penetrar a su parecer hasta el fondo trascendente de su obra.

Ya en el prólogo a Cartucherita se había quejado amargamente de tan incomprensible desvío: “Al menos habré intentado rendir un tributo de cariño a Málaga, a la cual amo porque sí; y digo esto, porque no puedo concretar las causas de este amor, porque no conozco bien los ocultos resortes que no dejan languidecer estos fervores míos hacia la tierra en que vine al mundo, a pesar del jugo amargo que vertió en mis labios acariciadores de niño y que sigue vertiendo en mis labios ya maldicientes de hombre.”

Ante esta Málaga que lo había aplaudido a remolque de Madrid, que no lo había reconocido –quizás porque tampoco lo había leído- como la voz que expresaba su esencia, que lo había dejado pasar penurias económicas, que había creído pagarle cuanto le debía con unos cuantos banquetes multitudinarios, y con la tardía reparación moral del homenaje de hacía unos meses; ante esta Málaga que confirmó el dicho evangélico de que “no hay profeta en su tierra”, Arturo repite ahora una vez más, como lo había hecho en 1897, “aquella estrofa de un hijo doliente del pueblo, que al alejarse de ella cantó:

Adiós, Málaga la bella,
tierra donde yo nací;
para todos fuiste madre
y madrastra para mí.”

“Doloroso es decirlo – resume Luis R. Cuevas-. Aquí donde radicaban sus amores y anhelos, aquí donde luchó siempre arrancando a sus paisanos el secreto de su musa, aquí que vivió para todos y por todos, es donde menos le comprendieron, donde menos le ayudaron robusteciendo su espíritu con el consuelo del aplauso, con el estímulo de galardones a que tan alto precio se hizo acreedor. Arturo Reyes había doblado el pináculo de su vida, descendiendo lentamente coronado de gloria, pero ahíta el alma en desconsolador escepticismo. Recuerdo que en cierta ocasión me decía con amarga ironía:

-Se extraña usted que en Málaga se vendan pocos libros. No sé si los míos tendrán algún mérito, pero voy a citarle a usted el caso de mi obra La Goletera: Solamente en Madrid vendí en dos ediciones más de cinco mil ejemplares; aquí en Málaga no habrá llegado a un centenar, y éstos colocados de compromiso.” 

Continuará...

BIBLIOGRAFÍA:

-      “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
-      “Cartucherita”. Novela andaluza. Reyes, Arturo. Tip. de “El Cronista”. Málaga, 1897.
-      “La Goletera”. Reyes, Arturo. Madrid, R. Velasco, 1901.

domingo, 14 de enero de 2018

EL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES: SUS ÚLTIMOS DÍAS.

Corre el año 1913, y mi bisabuelo Arturo llevaba ya muchos años enfermo, arrastrando las secuelas de sus enfermedades que no le permitían llevar una vida normalizada. Tenía muchos achaques y tomaba morfina para calmar sus dolores. Salía muy poco de casa y cuando sus amigos se lo encontraban casualmente en las pocas salidas que realizaba, se sentían verdaderamente impresionados por su declive físico. 

Hoy como siempre, de la mano de D. Cristobal Cuevas, os vamos a describir estos hechos de la vida del autor malagueño a través del libro que sobre su vida realizó el ilustre catedrático de la Universidad de Málaga ...

“Su decadencia física había adquirido ya patéticos rasgos de evidencia. Con honda tristeza asiste él mismo al espectáculo de su ruina: “Lo duro de la batalla que he tenido que librar –escribe- me ha hecho envejecer precoz y rápidamente; en mi cabeza ya no hay un solo cabello negro; en mi barba y bigote no queda más que alguno que otro que ya también empieza a blanquear; mis dientes se desmoronan y mi salud hace muchos años que tomó la fusta.” Todos sus amigos están impresionados ante tan vertiginoso hundimiento.

“Hace pocos días lo vi por última vez –dice Callejón Navas- en un salón del Ayuntamiento. Le noté gran malestar, un decaimiento acentuado. Su aspecto me impresionó. Cambiamos un saludo afectuoso y me dio las gracias por un suelto dedicado a su último libro, uno de cuyos ejemplares me dedicó cariñosamente. Con su afecto de siempre,

-      ¿En qué se ocupa usted? – me preguntó.
-      Escribo por “sport”, y negocio en patatas.
-   Pero, ¿por qué no se dedica de lleno al periodismo? ¿Por qué no trabaja en firme?
-      Porque con las cuartillas no se come, y con las patatas sí.
-      ¡Es verdad! Las letras son ingratas.

Con estas palabras mostró su identificación con mi prosaica filosofía. A pesar de su decaimiento, no pude adivinar la proximidad de su fin.”



La misma impresión se llevó Salvador González Anaya cuando lo vio por este tiempo: “La última vez que hablamos –escribe- era ya otro. Enfermo, destruido, con el cabello que fue de azabache de plata; la barba gris. Un mechón níveo le caía sobre las sienes. Aquel semblante era el de un hombre en las vísperas de la muerte.” Y en otro lugar añade: “Aquel era el semblante de un prisionero de la muerte, de un vencido en la lucha, lleno de noble majestad. Las facciones serenas revelaban el estoicismo religioso de su alma, pura y diamantina. Sólo los ojos, muy abiertos, parecían pasmados de terror.”

Arturo, sin embargo, hacía aún titánicos esfuerzos por mantener el dominio de sí mismo, no dejando traslucir a nadie su tragedia. Jamás se quejaba, ni molestaba a sus amigos, ni mostraba siquiera una chispa de envidia por la salud de los demás. Toda su carga de fatalismo se le había convertido en alas para elevarlo sobre su propia decadencia. Como él mismo escribió en una de sus novelas, “la resignación – ese gran desmayo del espíritu- había empezado a serenar su corazón.” Sólo sus versos eran confidentes de su pena:

“Ya, ¡oh goce!, nunca me nombras,
y una congestión de sombras
es siempre del alma dueña.
De mi vida en el ocaso,
en salud y fuerza escaso,
llevo el tedio por enseña.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.

- Archivo familiar Reyes (ART). 

domingo, 12 de noviembre de 2017

HOMENAJE DEL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES AL GENIAL HUMORISTA CHIQUITO DE LA CALZADA

Hoy queremos dedicarle esta publicación a Chiquito de la Calzada, que ayer nos dejaba, creando un gran vacío y desazón entre toda la gente que lo admiraba, porque cómo muchos lo han definido era un hombre afable, amable, simpático, sencillo, original, un humorista con su propio estilo al que nadie podrá superar, y que además siempre se ha sentido orgulloso de ser malagueño, siendo el mejor embajador que nuestra ciudad ha podido tener. Sus frases originales han creado un “lenguaje popular malagueño”, que perdurará para siempre entre nosotros.

NOTA: Viñeta publicada hoy en el diario Sur, dedicada a Chiquito de la Calzada, y realizada por el dibujante Pachi.

Sólo hay que leer los periódicos o ver la televisión para conocer las demostraciones de afecto y pesadumbre que le han dedicado no sólo gente famosa e importante sino la mayoría de los españoles. Hoy sus vecinos de la Trinidad, así como muchos malagueños, se habrán acercado a la Iglesia de San Pablo, junto a la famosa imagen del “Cautivo”, para despedirse de él, y agradecerle tantos momentos felices de los que nos ha hecho partícipes.

Pues bien seguimos con nuestro trabajo, y hoy el catedrático D. Cristóbal Cuevas nos relata cómo Arturo se vuelca con empeño en que fuera reconocida la labor literaria de su hijo Adolfo…

Como dice el refrán: “De tal palo, tal astilla”, y esto es lo que ocurrió en el caso de mi bisabuelo Arturo y mi abuelo Adolfo. Los dos sintieron un profundo amor por la cultura, y por la literatura, lo cual llevó a ambos a convertirse en escritores.

Mientras Arturo escribió para las clases populares con su característico lenguaje malagueño; mi abuelo Adolfo lo hizo para un círculo de lectores más especializado y reducido, utilizando un lenguaje culto, y difícil de entender para la mayoría.

Mientras el padre tenía el afán de ser leído y reconocido; el hijo escribió para él mismo, con el simple deseo de dar forma a sus ideas y sus conocimientos, sin que se marcase como objetivo “llegar a la cima de la fama”.

Mientras Arturo escribía poesía, novelas y cuentos; Adolfo escribía ensayos y obras de teatro…


Nota: Anagrama de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

“A principios de año debió de llegarle de Madrid a Arturo el nombramiento de académico correspondiente en Málaga de la de Bellas Artes de San Fernando. Este hecho, no obstante, que en otros tiempos le habría producido indecible alegría, no encuentra ahora un solo eco en sus escritos. La distinción le ha cogido ya más allá de toda vanidad personal, en la indiferencia completa por lo humano que le invade en los últimos meses de su vida.

Sólo vive para Dios, para la literatura y para sus hijos. Y, entre éstos, Adolfo sigue teniendo sus preferencias: “Tengo tres hijos – escribe a D. Francisco Such-, dos hembras y un varón, dos mujeres y un hombre en el que tengo puestas todas mis ilusiones: tiene veinte y dos años y según todos los que conocen su labor literaria tiene un porvenir brillantísimo; yo, que no soy persona a quien el afecto haga perder la serenidad de juicio, me siento orgulloso, repito, y pronto sabré a qué atenerme, pues creo que este año próximo, Dios mediante, estrenará en Madrid una obra que … el tiempo se encargará de ratificar o rectificar mi juicio, y más que el mío el de todos los escritores más exigentes de Málaga y de otros no de Málaga tan expertos como Jurado de la Parra, Dicenta y varios más, que después de conocer la obra me han abrazado diciéndome: -Bien viene apretando tu mozo; bien puedes ya morir tranquilo sin temer por su porvenir, el cual tiene asegurado.”

Referíase Arturo en estas últimas palabras al drama Peranzul, escrito por Adolfo hacia 1912, y en cuya promoción había puesto hasta entonces el desahuciado escritor sus mejores entusiasmos. Convencido de la vocación dramática de su hijo, él mismo había enviado copias del drama en cuestión a los más afamados críticos y periodistas, a los directores de compañía teatrales, y hasta al concurso literario convocado por el Ayuntamiento de Madrid en 1913. Una buena parte de su epistolario con Galdós de esta época está dedicada a insistir ante el maestro para que lea la obra y le dé su parecer, a lo que responderá D. Benito: “Mi querido amigo: Después de leer innumerables obras dramáticas aún me quedan unas trescientas, entre ellas el drama Peranzul. En obsequio a V. anticiparé la lectura de esa obra alterando el orden que observo en este penoso trabajo.” Parecía como si en el triunfo literario de aquel hijo viera el poeta una misteriosa manera de perpetuarse.

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.