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Archivo Arturo y Adolfo Reyes Escritores de Málaga por Mª José Reyes Sánchez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

domingo, 18 de febrero de 2018

EL ESCRITOR MALAGUEÑO ARTURO REYES. SUS ÚLTIMOS DÍAS (II).

En el día de hoy seguimos adentrándonos en los últimos meses de vida de mi bisabuelo de la mano de D. Cristóbal Cuevas, quien nos informa cómo el escritor malagueño se siente cuando su salud se encuentra tan deteriorada. Arturo quiere seguir luchando hasta el final de su existencia, y no quiere que sus amigos y paisanos vislumbren su decadencia física. Sigue luchando, sigue trabajando en su labor literaria y sigue soñando para que la vida le resulte menos ingrata….

“Dolencias de cuerpo y espíritu lo acababan. En febrero, su salud sufrió una peligrosa crisis que lo puso al borde de la tumba.

“La vida de Arturo – recuerda El Cronista - pasó por un riesgo gravísimo. Reaccionó la naturaleza, y la crisis vencida – vencida con penoso esfuerzo-, Arturo volvió a sus ocupaciones normales. Pero como el organismo no era sino un milagro de voluntad, y la voluntad también se rinde, el cuerpo quedó amenazado de muerte.”

El poeta está haciendo ya, aunque sea esporádicamente, los últimos esfuerzos por superar su desmayo. Todavía intenta alguna vez sobreponerse a su destino.

“En 1913, durante el invierno – recuerda Antonio de Nicolás-, visité varias veces al ya muy enfermo Arturo, que gustosísimo hacía largos paréntesis en su perseverante trabajo literario, para ver colecciones de postales italianas y exigir detallada explicación sobre lo en algunas reproducido. Parecía entonces olvidar su grave estado. Animábase como por ensalmo y proyectaba largos viajes, encargándome con insistencia la formación de itinerarios – en relación con el correspondiente modesto presupuesto -, por si podía verificar alguno aquel mismo año. “No quisiera morir”, decía, “sin haber estado en Italia y Grecia. Esta aspiración constante y el escribir versos llenaban gran parte de su tiempo.”


Nota: Fotografía del Coliseo (Roma). Septiembre del 2016. Archivo ART.

Al terminar el invierno, pareció animarse aun más. “ Él, que en la serenidad de su optimismo, no había querido nunca reconocer la tristeza andaluza, tomaba contra ella su última actitud. Rodeábase de colores brillantes, pasaba las horas al sol, se enamoraba de la primavera.” Sobre todo, quería convencerse a sí mismo de que todavía le quedaban fuerzas, de que la enfermedad que le atenazaba desde hacia tantos años podría superarse aún.

Intentaba confiar en los médicos, en quienes, como en el doctor Ibáñez de Las de Pinto, esperaba encontrar los “videntes a cuya mirada descubrían muchas veces las dolencias más pérfidas y oscuras sus casi siempre improfanados misterios.” Fiel a sus deseos, disimulaba sus dolencias, siempre desmentidas por sus palabras, y siempre traicionadas por su aspecto. A esto se debe el que muchos que no lo trataban asiduamente creyeran después que su muerte había sido repentina.

En realidad, a partir de abril, su vida fue una prolongada agonía. “Murió lentamente… Sentía una tristeza infinita en esta despedida de su tierra. Al través de los cristales de su cuarto de trabajo embebecíase en contemplación de los claros verdores; dejaba mecer su espíritu en el ritmo de las canciones populares, elevadas en el atardecer; y más la amaba mientras más su corazón, harto de sentir, cansado de ímpetus, iba fatigándose lentamente.”

“Mi vivir es triste porque el desaliento se enseñorea de mi espíritu”, había escrito unos meses antes a D. Francisco Such. Nunca fue tan verdad esta afirmación como ahora. “Desmayaba su espíritu… añade su hijo-, y en falsos alardes de salud se le veía cruzar por las calles de Málaga como un fantasma de los tiempos idos.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- Archivo familiar Reyes (ART).
- “Las de Pinto. Novela Andaluza”. Reyes, Arturo. Madrid, R. Velasco, 1908. 

domingo, 4 de febrero de 2018

RELACION DEL ESCRITOR COSTUMBRISTA ARTURO REYES CON SU CIUDAD NATAL - MÁLAGA -.

Hoy el catedrático de Literatura, D. Cristóbal Cuevas nos habla sobre la relación que unió a mi bisabuelo con su ciudad natal. Una relación en la que el escritor malagueño se sintió incomprendido  y poco valorado por sus paisanos a pesar de haber dedicado la mayor parte de su obra a dar a conocer las excelencias, costumbres, personajes y el vocabulario popular de su tierra, y a pesar también de que literariamente había llevado el nombre de Málaga a lo más alto. 

En la actualidad la figura de Arturo Reyes sigue siendo un perfecto desconocido para nuestra ciudad, y es por considerarlo una injusticia para nuestra propia ciudad en general y para los malagueños en particular, por la que me siento responsable como familiar de él, de que conozcamos su vida y su obra, porque nos sentiremos orgullosos de este humilde escritor malagueño, y qué mejor manera para mantenerlo activo, que a través de este blog que lo hará circular por las redes, consiguiendo de esta forma que no caiga en el olvido… 

En estos momentos el blog ha tenido casi 154.000 visitas de personas de muchas partes del mundo, y quiero agradecerles a tod@s ell@s, que este proyecto que un día emprendí, tenga su utilidad, lo que me hace sentir muy satisfecha.


Nota: Vista panorámicas de la ciudad de Málaga. (Archivo ART).

"En la creciente soledad de su espíritu, una pena que siempre había sentido profundamente, se le convierte ahora en obsesiva: la incomprensión de sus paisanos, que no habían sabido penetrar a su parecer hasta el fondo trascendente de su obra.

Ya en el prólogo a Cartucherita se había quejado amargamente de tan incomprensible desvío: “Al menos habré intentado rendir un tributo de cariño a Málaga, a la cual amo porque sí; y digo esto, porque no puedo concretar las causas de este amor, porque no conozco bien los ocultos resortes que no dejan languidecer estos fervores míos hacia la tierra en que vine al mundo, a pesar del jugo amargo que vertió en mis labios acariciadores de niño y que sigue vertiendo en mis labios ya maldicientes de hombre.”

Ante esta Málaga que lo había aplaudido a remolque de Madrid, que no lo había reconocido –quizás porque tampoco lo había leído- como la voz que expresaba su esencia, que lo había dejado pasar penurias económicas, que había creído pagarle cuanto le debía con unos cuantos banquetes multitudinarios, y con la tardía reparación moral del homenaje de hacía unos meses; ante esta Málaga que confirmó el dicho evangélico de que “no hay profeta en su tierra”, Arturo repite ahora una vez más, como lo había hecho en 1897, “aquella estrofa de un hijo doliente del pueblo, que al alejarse de ella cantó:

Adiós, Málaga la bella,
tierra donde yo nací;
para todos fuiste madre
y madrastra para mí.”

“Doloroso es decirlo – resume Luis R. Cuevas-. Aquí donde radicaban sus amores y anhelos, aquí donde luchó siempre arrancando a sus paisanos el secreto de su musa, aquí que vivió para todos y por todos, es donde menos le comprendieron, donde menos le ayudaron robusteciendo su espíritu con el consuelo del aplauso, con el estímulo de galardones a que tan alto precio se hizo acreedor. Arturo Reyes había doblado el pináculo de su vida, descendiendo lentamente coronado de gloria, pero ahíta el alma en desconsolador escepticismo. Recuerdo que en cierta ocasión me decía con amarga ironía:

-Se extraña usted que en Málaga se vendan pocos libros. No sé si los míos tendrán algún mérito, pero voy a citarle a usted el caso de mi obra La Goletera: Solamente en Madrid vendí en dos ediciones más de cinco mil ejemplares; aquí en Málaga no habrá llegado a un centenar, y éstos colocados de compromiso.” 

Continuará...

BIBLIOGRAFÍA:

-      “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
-      “Cartucherita”. Novela andaluza. Reyes, Arturo. Tip. de “El Cronista”. Málaga, 1897.
-      “La Goletera”. Reyes, Arturo. Madrid, R. Velasco, 1901.

domingo, 14 de enero de 2018

EL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES: SUS ÚLTIMOS DÍAS.

Corre el año 1913, y mi bisabuelo Arturo llevaba ya muchos años enfermo, arrastrando las secuelas de sus enfermedades que no le permitían llevar una vida normalizada. Tenía muchos achaques y tomaba morfina para calmar sus dolores. Salía muy poco de casa y cuando sus amigos se lo encontraban casualmente en las pocas salidas que realizaba, se sentían verdaderamente impresionados por su declive físico. 

Hoy como siempre, de la mano de D. Cristobal Cuevas, os vamos a describir estos hechos de la vida del autor malagueño a través del libro que sobre su vida realizó el ilustre catedrático de la Universidad de Málaga ...

“Su decadencia física había adquirido ya patéticos rasgos de evidencia. Con honda tristeza asiste él mismo al espectáculo de su ruina: “Lo duro de la batalla que he tenido que librar –escribe- me ha hecho envejecer precoz y rápidamente; en mi cabeza ya no hay un solo cabello negro; en mi barba y bigote no queda más que alguno que otro que ya también empieza a blanquear; mis dientes se desmoronan y mi salud hace muchos años que tomó la fusta.” Todos sus amigos están impresionados ante tan vertiginoso hundimiento.

“Hace pocos días lo vi por última vez –dice Callejón Navas- en un salón del Ayuntamiento. Le noté gran malestar, un decaimiento acentuado. Su aspecto me impresionó. Cambiamos un saludo afectuoso y me dio las gracias por un suelto dedicado a su último libro, uno de cuyos ejemplares me dedicó cariñosamente. Con su afecto de siempre,

-      ¿En qué se ocupa usted? – me preguntó.
-      Escribo por “sport”, y negocio en patatas.
-   Pero, ¿por qué no se dedica de lleno al periodismo? ¿Por qué no trabaja en firme?
-      Porque con las cuartillas no se come, y con las patatas sí.
-      ¡Es verdad! Las letras son ingratas.

Con estas palabras mostró su identificación con mi prosaica filosofía. A pesar de su decaimiento, no pude adivinar la proximidad de su fin.”



La misma impresión se llevó Salvador González Anaya cuando lo vio por este tiempo: “La última vez que hablamos –escribe- era ya otro. Enfermo, destruido, con el cabello que fue de azabache de plata; la barba gris. Un mechón níveo le caía sobre las sienes. Aquel semblante era el de un hombre en las vísperas de la muerte.” Y en otro lugar añade: “Aquel era el semblante de un prisionero de la muerte, de un vencido en la lucha, lleno de noble majestad. Las facciones serenas revelaban el estoicismo religioso de su alma, pura y diamantina. Sólo los ojos, muy abiertos, parecían pasmados de terror.”

Arturo, sin embargo, hacía aún titánicos esfuerzos por mantener el dominio de sí mismo, no dejando traslucir a nadie su tragedia. Jamás se quejaba, ni molestaba a sus amigos, ni mostraba siquiera una chispa de envidia por la salud de los demás. Toda su carga de fatalismo se le había convertido en alas para elevarlo sobre su propia decadencia. Como él mismo escribió en una de sus novelas, “la resignación – ese gran desmayo del espíritu- había empezado a serenar su corazón.” Sólo sus versos eran confidentes de su pena:

“Ya, ¡oh goce!, nunca me nombras,
y una congestión de sombras
es siempre del alma dueña.
De mi vida en el ocaso,
en salud y fuerza escaso,
llevo el tedio por enseña.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.

- Archivo familiar Reyes (ART). 

domingo, 12 de noviembre de 2017

HOMENAJE DEL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES AL GENIAL HUMORISTA CHIQUITO DE LA CALZADA

Hoy queremos dedicarle esta publicación a Chiquito de la Calzada, que ayer nos dejaba, creando un gran vacío y desazón entre toda la gente que lo admiraba, porque cómo muchos lo han definido era un hombre afable, amable, simpático, sencillo, original, un humorista con su propio estilo al que nadie podrá superar, y que además siempre se ha sentido orgulloso de ser malagueño, siendo el mejor embajador que nuestra ciudad ha podido tener. Sus frases originales han creado un “lenguaje popular malagueño”, que perdurará para siempre entre nosotros.

NOTA: Viñeta publicada hoy en el diario Sur, dedicada a Chiquito de la Calzada, y realizada por el dibujante Pachi.

Sólo hay que leer los periódicos o ver la televisión para conocer las demostraciones de afecto y pesadumbre que le han dedicado no sólo gente famosa e importante sino la mayoría de los españoles. Hoy sus vecinos de la Trinidad, así como muchos malagueños, se habrán acercado a la Iglesia de San Pablo, junto a la famosa imagen del “Cautivo”, para despedirse de él, y agradecerle tantos momentos felices de los que nos ha hecho partícipes.

Pues bien seguimos con nuestro trabajo, y hoy el catedrático D. Cristóbal Cuevas nos relata cómo Arturo se vuelca con empeño en que fuera reconocida la labor literaria de su hijo Adolfo…

Como dice el refrán: “De tal palo, tal astilla”, y esto es lo que ocurrió en el caso de mi bisabuelo Arturo y mi abuelo Adolfo. Los dos sintieron un profundo amor por la cultura, y por la literatura, lo cual llevó a ambos a convertirse en escritores.

Mientras Arturo escribió para las clases populares con su característico lenguaje malagueño; mi abuelo Adolfo lo hizo para un círculo de lectores más especializado y reducido, utilizando un lenguaje culto, y difícil de entender para la mayoría.

Mientras el padre tenía el afán de ser leído y reconocido; el hijo escribió para él mismo, con el simple deseo de dar forma a sus ideas y sus conocimientos, sin que se marcase como objetivo “llegar a la cima de la fama”.

Mientras Arturo escribía poesía, novelas y cuentos; Adolfo escribía ensayos y obras de teatro…


Nota: Anagrama de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

“A principios de año debió de llegarle de Madrid a Arturo el nombramiento de académico correspondiente en Málaga de la de Bellas Artes de San Fernando. Este hecho, no obstante, que en otros tiempos le habría producido indecible alegría, no encuentra ahora un solo eco en sus escritos. La distinción le ha cogido ya más allá de toda vanidad personal, en la indiferencia completa por lo humano que le invade en los últimos meses de su vida.

Sólo vive para Dios, para la literatura y para sus hijos. Y, entre éstos, Adolfo sigue teniendo sus preferencias: “Tengo tres hijos – escribe a D. Francisco Such-, dos hembras y un varón, dos mujeres y un hombre en el que tengo puestas todas mis ilusiones: tiene veinte y dos años y según todos los que conocen su labor literaria tiene un porvenir brillantísimo; yo, que no soy persona a quien el afecto haga perder la serenidad de juicio, me siento orgulloso, repito, y pronto sabré a qué atenerme, pues creo que este año próximo, Dios mediante, estrenará en Madrid una obra que … el tiempo se encargará de ratificar o rectificar mi juicio, y más que el mío el de todos los escritores más exigentes de Málaga y de otros no de Málaga tan expertos como Jurado de la Parra, Dicenta y varios más, que después de conocer la obra me han abrazado diciéndome: -Bien viene apretando tu mozo; bien puedes ya morir tranquilo sin temer por su porvenir, el cual tiene asegurado.”

Referíase Arturo en estas últimas palabras al drama Peranzul, escrito por Adolfo hacia 1912, y en cuya promoción había puesto hasta entonces el desahuciado escritor sus mejores entusiasmos. Convencido de la vocación dramática de su hijo, él mismo había enviado copias del drama en cuestión a los más afamados críticos y periodistas, a los directores de compañía teatrales, y hasta al concurso literario convocado por el Ayuntamiento de Madrid en 1913. Una buena parte de su epistolario con Galdós de esta época está dedicada a insistir ante el maestro para que lea la obra y le dé su parecer, a lo que responderá D. Benito: “Mi querido amigo: Después de leer innumerables obras dramáticas aún me quedan unas trescientas, entre ellas el drama Peranzul. En obsequio a V. anticiparé la lectura de esa obra alterando el orden que observo en este penoso trabajo.” Parecía como si en el triunfo literario de aquel hijo viera el poeta una misteriosa manera de perpetuarse.

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974. 

domingo, 22 de octubre de 2017

EL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES: 1913. "NECESITO ESCRIBIR".

Hoy el catedrático de Literatura D. Cristóbal Cuevas nos avanza como será el fin de la existencia de mi bisabuelo. Corre el año 1913 y solo quedan seis meses para que el artista nos dé su último adiós. Estos momentos fueron muy tristes y difíciles para él y también para nosotros que también nos rebelamos ante la injusticia de una muerte temprana - 49 años-, en la plenitud de su vida y de su obra. Son circunstancias tristes que no podemos obviar a pesar de que nos cueste la propia vida publicarlas…

“El año 1913 se presenta desde el principio para Reyes con todos los síntomas de una inminente y definitiva consumación. La enfermedad lo acosa sin piedad, acorralándolo en su casa, de la que sale cada vez menos.

Horas y horas permanece en su angosto despacho, al que él llama pomposamente “gabinete de estudio”, y que presiden dos retratos suyos, uno con atuendo del siglo XVI y otro a la moda actual, mientras toda clase de antiguallas, esparcidas en pintoresco desorden, ponen una nota exótica en el ambiente. Allí, o en su alcoba, sentado en la cama, el poeta hace desesperados esfuerzos por resistir, trabajando agónicamente en su obra literaria.



Nota: Es en este edificio de la Plaza de la Merced dónde Arturo vivió los últimos años de su vida. Ninguna placa conmemora el lugar donde falleció a pesar de que se pidió al Ayuntamiento de Málaga que cumpliera la promesa que habían hecho los alcaldes de la época. 

Antonio de Nicolás lo evoca en este  escenario, “entre el humo producido por el constante cigarro y el casi continuo canto de un canario predilecto, tan alegre a la luz de la lámpara eléctrica como a la del mismísimo sol; tomando sorbos de café con leche, único líquido que no  repugnaba a su estómago, y sufriendo vómitos que seguían a cualquier comida por sobria que fuera.”

En estas circunstancias, Arturo escribe sin descanso, sobreponiéndose con titánico esfuerzo a la ruina de su cuerpo. “Su visión clara del mundo – observa su hijo Adolfo – fue más fuerte que la enfermedad. Así, el trastorno, la depresión de sus nervios, le empeoró el estómago, le atacó el corazón; pero fue impotente contra su imaginación sublimada, y mientras su estado no le permitía muchas veces salir de su cuarto de trabajo, levantarse del lecho aún, hacía novelas, cuentos, poesías; toda esa producción última, que la crítica llamaba de apogeo, en sazón, cuando de su mano desmayada se escapaba la pluma.”

Produce así el poeta lo que su hijo llamó con singular acierto “una labor sobreexcitada, hecha en un gradual agotamiento de salud, siempre creyendo que el último libro lo sería para siempre.” Como Cristóbal, el protagonista de su novela Cielo Azul, “cuando la fiebre amortiguaba su violencia, érale grato dejarse arrastrar por su pensamiento, que a medida que el cuerpo perdía sus vigores, parecía adquirir vuelo más potente.”

En su modestia, el escritor malagueño pretendía atribuir esta fiebre creadora a la necesidad de atender sus obligaciones materiales. Así lo dice a su amigo D. Francisco Such, en carta ya citada: “Mi producción como es natural, y como consecuencia de esto [sus enfermedades] debía ser más limitada, pero como son muchas mis obligaciones, y para atenderlas no me es posible abrir un paréntesis de reposo en mi constante laborar, he venido sacando fuerzas de flaqueza, gastando mis limitados repuestos de energía para hacer frente a un trabajo excesivo del cual necesito para vivir.” Sin embargo, no era ésta la causa única, ni siquiera principal, de su trabajo. Por encima de todo estaba su inquietud de artista, esa necesidad de expresión que se sobrepone a todo, y contra la que es inútil luchar.

Él mismo lo dirá en el poema que cierra sus obras, “Indocil”, último canto de Del crepúsculo:

“¡Necesito escribir!, empeño es vano
que a mis antojos escribir intente;
cuando no quiere despertar la mente
inútilmente en escribir me afano.

Su fiera libertad es mi tirano
que mis ruegos escucha indiferente,
y ora, llena de amor, besa mi frente,
ora enmudece cual glacial arcano.

Tan sólo su capricho es mi bandera;
indómito corcel, en su carrera
nunca fue esclavo del capricho ajeno.

Su altiva independencia nunca abate,
y lo mismo desdeña el acicate,
que siempre supo desdeñar el freno.”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- “Cielo Azul. Novela andaluza”. Reyes, Arturo. Málaga. Tip. Zambrana Hnos., 1910.
- “Del Crepúsculo”. Poesías póstumas. Reyes, Arturo. Málaga, Zambrana Hermanos. Impresores. 1914. 

domingo, 8 de octubre de 2017

LA ÚLTIMA CRISIS EXISTENCIAL DEL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES. 1912.

Ya en la última etapa de la vida, mi bisabuelo sufrió su mayor crisis existencial. Se encontraba muy enfermo, con una posición económica poco desahogada, y seguramente con el ánimo por los suelos. Él que siempre había luchado por cumplir sus ideales se sentía desmoralizado, y este capítulo en su biografía que tanto nos entristece, es la que hoy nos relata el catedrático D. Cristóbal Cuevas en su libro sobre el autor malagueño…

“Si hacemos un balance del año 1912, podríamos decir que sólo aparentemente supone una apoteosis para el poeta; en realidad asistimos a su más dolorosa derrota. Un hombre tan entusiasta y vital como él no podía dejarse proteger de la manera que hemos visto si no se hubiera sentido ya mortalmente herido.

Arturo, a medida que pasan los días, va renunciando, uno a uno, a sus más constantes ideales – fama, arrogancia vital, mujeres…-, mientras acepta como un enfermo, sin resistencia, el calor ajeno.


 Nota: Poesía "Polvo". Libro: Del crepúsculo. 1914. Autor: Arturo Reyes.

Como con perfecta clarividencia señalo un periodista amigo, el sempiterno luchador “estaba cansado; se iba apagando lentamente su vida; cuando cruzaba las calles con los hombros subidos, el andar menudo y pinturero y el cordobés hacia la cara, en estos tiempos últimos, no miraba con la firme curiosidad, con el simpático desdén de otros días más lejanos; se dejaba alcanzar por la vida y se dejaba proteger por los hombres.

El síntoma más peligroso de su estado de salud fue la aceptación de aquella generosa iniciativa de Paco Verdugo pidiendo a las gentes y al Gobierno algún remedio para las necesidades de Reyes. Quien le conociera y supiese tal noticia, lo dio desde luego por achacoso, por vencido, por muerto.”

Por eso es tan triste la renuncia final de este gran enamorado de la vida. Su abandono de ideales no fue el erguirse gallardo de quien todo lo deja por convicciones nuevas, sino el forzoso abrir la mano, dejando escapar el pájaro cautivo, de quien ya se siente sin fuerzas para mantenerlo aprisionado.

Estamos plenamente convencidos de que a nuestro poeta, más que las ideas, lo hundió la pesadumbre de su existencia. ¡Qué claramente lo confiesa él mismo, al encararse con la ardiente mujer de sus sueños, a la que renuncia con melancólico estoicismo!:

“El tiempo que he vivido,
con sus duras lecciones me ha enseñado
que en amor el que vence es un vencido;
que en campos sin verdores, su bandera
el amor no tremola;
que el amor es amor entre verdores
que sólo vive entre fragantes flores,
y no puede vivir cual la palmera;
y cuando silenciosos,
huyen la primavera y el estío,
que aún perdure el amor intenso es vano,
que apenas llega del invierno cano
el hálito glacial, muere de frío.
Así, al verte pasar, sólo un momento
hirió la tentación mi pensamiento;
y luego, con tristeza abrumadora,
pensé en mis canas y cobré energía,
y no quise acudir cuando, traidora,
- Ven a mí-, tu mirada me decía.”

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- Poesía: "Polvo". “Del Crepúsculo”. Poesías póstumas. Reyes, Arturo. Pags 169-171. Málaga, Zambrana Hermanos. Impresores. 1914. 

domingo, 1 de octubre de 2017

LAS ESTRECHECES ECONÓMICAS DEL ESCRITOR COSTUMBRISTA MALAGUEÑO ARTURO REYES (1912).

En el día de hoy el catedrático D. Cristóbal Cuevas sigue informándonos en su libro, sobre la desesperante situación económica y personal en la que se encontraba mi bisabuelo en 1912, un año antes de su fallecimiento. Necesitó pedir ayuda al Ministro de Instrucción Pública, para que le compraran todos sus libros y así poder pagar todas sus facturas a fin de mes.


 Nota: Libro "La Goletera". Autor: Arturo Reyes. 1901.

Probablemente a Arturo le costó mucho tener que llegar a pedir ayuda al Estado pero no tuvo más remedio, y dicho y hecho se puso en acción…

“Acuciado por sus siempre crecientes necesidades económicas, y siguiendo el consejo de sus amigos, el poeta decidió solicitar del Estado la compra de ejemplares de sus obras, con destino a las bibliotecas públicas.

A tal efecto redactó un conmovedor Oficio, cuyo borrador se conserva en el ART (Archivo Reyes Téllez) en el que decía:

“Excmo Sr. Ministro de Instrucción Pública.
Arturo Reyes Aguilar, natural de Málaga, a V. E. respetuosamente expone: Que obligado por circunstancias anormales y penosas (estas palabras aparecen tachadas en el borrador) Suplica se sirva adquirir el número de ejemplares que juzgue oportuno de las obras siguientes, de la cuales es autor, cuyos títulos son…
El número de ejemplares que de dichas obras posee (?) es el siguiente…”

La solicitud logró también ahora un éxito inmediato. El Ministro encargó a la Academia de la Lengua que emitiera un informe sobre el valor y utilidad de las obras de Reyes, para proceder en consecuencia. Este informe, firmado por Mariano Catalina, decía entre otras cosas:

“De gran provecho literario y social sería que en las diversas partes de España hubiese muchos escritores semejantes a él, y cuyas obras, divulgadas, en todas las regiones, contribuyeran a que los hijos de la Madre Común, conociéndose mejor, fundaran en la estimación mutua la fuerza y la confianza necesarias para el cumplimiento de sus altos destinos. Por estas consideraciones piensa el que suscribe que puede y debe de adquirir el Estado ejemplares de las obras de Arturo Reyes, que son de mérito relevante para las Bibliotecas Públicas.”

Ante tan favorable dictamen, el decreto de adquisición no se hizo esperar. Con fecha 26 de diciembre recibía Arturo una notificación del Ministerio de Instrucción Pública, firmada personalmente por el Subsecretario – lo era a la sazón D. Natalio Rivas-, en la que se le decía:

“El Excmo. Sr. Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes me dice con esta fecha lo siguiente: “Ilmo. Sr.: En vista de los informes favorables emitidos por la Junta Facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos, y por la Real Academia Española acerca de las obras tituladas Cartucherita, Las de Pinto, La Goletera, Del Bulto a la Coracha, De mis parrales y Romances Andaluces, de las que es autor D. Arturo Reyes Aguilar:

"S.M. el Rey, q. D. g., se ha servido disponer con destino a las Bibliotecas Públicas del Estado se adquieran 139 ejemplares de cada una de las cinco primeras, y 138 de la última al precio de 3 pts. cada una, y que su importe total, o sea 2.499 pts. se libre a favor del interesado…
Madrid, 26 de diciembre de 1912.”

Por este tiempo, también la Diputación Provincial de Málaga había concedido a Reyes una asignación pecuniaria en concepto de ayuda para la edición de sus obras. Al parecer, el acto de entrega de la misma no revistió todo el calor que hubiera sido de desear, lo que hizo exclamar al cronista de La Tribuna: “¿Por qué habrá de esperarse un entusiasmo tardío e improvisado en los que no habían posado la atención en él durante veinte años de una lucha titánica y denodada?”

Continuará…

BIBLIOGRAFÍA:

- “Arturo Reyes. Su vida y su obra. Un enfoque humano del andalucismo literario”. Cuevas García, Cristóbal. Editado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Obra Cultural. C. S. I. C. 1974.
- Archivo familiar Reyes Téllez (ART).
 - Cartucherita. Novela Andaluza”. Reyes, Arturo. Málaga, Tip. De “El Cronista, 1897.
- Las de Pinto. Novela Andaluza. Reyes, Arturo. Madrid, R. Velasco, 1908.
- La Goletera. Reyes, Arturo. R. Velasco. Madrid, 1901.
- “Del Bulto a la Coracha”. Reyes, Arturo. R. Velasco. Madrid, 1902.
- De mis parrales. Cuentos andaluces. Tip. Zambrana Hermanos. Málaga, 1911.
- Romances andaluces. Reyes, Arturo. Zambrana Hermanos Impresores. Málaga, 1912.